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Entrevista a Ángel Parra por Alejandro Lavquén

Enviado por Ana Montrosis el 24/03/2008 a las 02:44 PM
ÁNGEL PARRA
Canto y Literatura

Publicada en Punto Final N° 557 (noviembre 21/ 2003)

Nacido en Valparaíso y fundador de la mítica "Peña de los Parra", centro de la actividad musical de la Nueva Canción Chilena en los años sesenta, Ángel Parra es uno de los cantautores más importantes de nuestro país. Junto a Patricio Manns, Víctor Jara, Rolando Alarcón, Isabel Parra, Héctor Pavez y su madre Violeta, transformaron radicalmente la música chilena, dándole un contenido donde las vivencias reales del ser humano son el protagonista principal, o en sus propias palabras "el canto puesto al servicio de un ideal, de una utopía". En su larga carrera ha incursionado en los más variados ritmos y compartido escenario con los cantores más importantes de Latinoamérica: Atahualpa Yupaqui, Pablo Milanés y Daniel Viglietti, entre otros. En sus discos alternan canciones infantiles, eróticas, militantes y de raíz folclórica, brindis y cuecas, y entre su extensa producción destacan: "Oratorio para el pueblo"; "Canciones de amor y muerte"; "Canciones funcionales"; "Corazón de bandido"; "Canciones de Patria Nueva"; "Oratorio de Navidad"; "Chacabuco-Nuestra palabra"; "Pisagua"; "La libertad"; "El insolente"; "Eróticas"; "El corazón de Los Andes". Recientemente ha editado el disco "Venceremos" en homenaje a Salvador Allende al cumplirse treinta años de su muerte. En 1973 fue detenido y trasladado al Estadio Nacional, convertido en campo de concentración por los golpistas, luego pasó por las prisiones de Chacabuco y Pisagua para posteriormente, en 1974, salir al exilio en México. Actualmente se encuentra radicado en Francia –donde desarrolla su labor artística- y visita Chile cada cierto tiempo. Aprovechando su última visita Punto Final conversó con él.

 

Su último trabajo se titula "Venceremos" ¿Cree que aún es posible que se cumpla esa afirmación? Se lo pregunto pensando en la realización de la utopía de un mundo mejor.

Sí, por supuesto, yo creo que si perdemos la utopía, esa capacidad de ver un mundo mejor, estamos jodidos. Hay que mantener, incluso en los peores momentos, una actitud positiva y optimista frente a los problemas e injusticias. Pienso en mis nietas, cuando digo "Venceremos" pienso en ellas, no estoy pensando en mí. Es decir, son los jóvenes los que tienen que tomar la bandera y seguir adelante. Ellos son el futuro.

 

A 30 años del golpe ¿Cuál sería su reflexión?

Primero que nada, estamos vivos. Segundo, a pesar de los muchos defectos que pueda tener esta democracia tal cual la estamos viviendo pienso que se han dado pasos adelante, que la sociedad civil tiene un espacio donde moverse. Creo que estamos sacando la cabeza fuera del agua, poco a poco, me parece que los jóvenes universitarios tienen un movimiento fuerte, por ejemplo, me parece que existe un trabajo de concientización, diría yo, paulatino, porque hay que luchar contra la televisión, contra los videos, los juegos mecánicos, contra todo este mundo globalizado que se viene encima. Hay que luchar incluso con los compañeros. A veces con los amigos que uno tiene no necesita enemigos. Entonces, 30 años después yo encuentro que el resultado es positivo, estar vivo ya es fantástico.

 

¿Qué te parece que la figura de Salvador Allende tenga una buena imagen en los sectores más jóvenes, que no vivieron el proceso de la Unidad Popular?

Es algo sumamente esperanzador, es algo muy bueno, y esto es en todo el mundo, no sólo en Chile. Vengo de hacer una gira por Berlín, Roma, París, Londres, España y en todas partes hay calles que llevan su nombre, en Francia hay más de quinientas calles que se llaman Salvador Allende, entonces es un movimiento bastante amplio. Y lo que sucede aquí es importantísimo para el desarrollo del proceso chileno, que estos niños de quince veinticinco o treinta años estén descubriendo la figura de este hombre que sacrificó su vida por la democracia y acusó definitivamente a los traidores. Él es un ejemplo de consecuencia, de coherencia, para la juventud. Estos 30 años además han servido para destapar un poco esa botella que estaba a punto de reventar porque aquí no se daba información sobre lo que había ocurrido y este año ha habido muchos avances en el conocimiento de la historia real.

 

¿Qué papel considera que juega la memoria en el futuro de nuestro país?

La memoria somos todos nosotros, en el momento que escribimos, cantamos o reflexionamos. Ella juega un rol sumamente importante, por algo existen los libros y hoy ese mundo de Internet donde quedan los testimonios e información. Hoy nadie puede decir: es que se me olvido o yo no sabía, o no me dijeron, porque estaría mintiendo. Hay mucha información y eso es gracias a la memoria.

 

Usted sufrió la prisión y luego el exilio ¿Cuáles serían, en su opinión, las condiciones ideales para una reconciliación entre los chilenos?

Quizá voy a responder algo tan obvio: la justicia. Sin justicia no habrá reconciliación y eso lo sabemos todos. Sí pienso que se han dado pasos importantes, sé que hay muchos compañeros que no están de acuerdo con mi posición pero yo insisto en que el hecho de que haya más de doscientos treinta militares, algunos de alta graduación, con procesos y una cantidad cumpliendo condena me parece que es un paso adelante tremendo. Desde lejos, desde París, donde yo vivo, tal vez la distancia permite ver mejor los avances sobre este tema. La actitud del general Cheyre a mí me parece una actitud correcta. No le exijo más, la historia le va a exigir más, pero a mí me parece una actitud sumamente correcta. Así como él dio ese paso habrá otros que más adelante tendrán que también darlo, creo que es cuestión de tiempo. Si tú piensas un poco en el proceso chileno y piensas en España después de la Guerra Civil hasta el día de hoy no hay justicia. Aquí se está avanzando y han pasado apenas catorce años de asumir la Concertación, entonces esos avances hay que valorarlos.

 

Respecto a la Nueva Canción, de la que fue uno de sus fundadores ¿Cuál piensa que ha sido su legado más importante?

El principal legado es escuchar esas canciones en las voces de los jóvenes después de tantos años. Es un legado espiritual, poético, social y musical que está más vivo que nunca. El legado de la Violeta, de Víctor, de Rolando, por ejemplo, está muy presente. Cuando la represión intenta acallar las voces de los interpretes populares lo único que logra es que salgan detrás de ellos cincuenta y más que quieren cantar, componer y asumir sus roles.

 

¿Existe alguna continuidad en las actuales generaciones de músicos y autores con respecto a la Nueva Canción?

Observo que hay algunos movimientos, sobre todo en estos rockeros que gritan y patalean, los hipjoperos, que hay una continuación en otro contexto. Lo que pasa es que las condiciones no son las mismas de los años setenta, pero creo que esto no se detiene nunca porque hay ejemplos positivos. Si tú escuchas una canción como "Por qué los pobres no tienen" de la Violeta o "Plegaria de un labrador", estás escuchando referentes que mantienen una clara actualidad, y que contienen vida.

 

¿Aún cree que es legítimo que la canción esté al servicio de un ideal, de una utopía?

Totalmente, eso aún lo creo legítimo. Y en mi caso personal –yo no quiero imponerle a nadie mi pensamiento- he dedicado mi vida a esto y creo que los artistas deben tener este compromiso porque se sustenta en algo tan legítimo como es la justicia, como es el amor.

 

De los cantautores fundadores de la Nueva Canción van quedando además de usted, su hermana Isabel, Patricio Manns, también están los grupos Inti-Illimani y Quilapayún ¿No han pensado en un gran acto conmemorativo?

Yo personalmente no, pues estoy porque las cosas sigan su ritmo y su curso. Yo voy si me invitan, si se da, pero estoy un poco aburrido de estos actos masivos en que la gente va como a "golpearse el pecho", a una especie de terapia y después qué, no queda nada más. Seguramente un productor se llenaría los bolsillos porque nos pide a todos que vengamos gratis como sucede habitualmente, entonces no estoy mucho por eso. Estoy ahora por cosas como las que acabamos de hacer con mi hermana Isabel, que le entregamos la casa de Carmen 340, donde funcionó la Peña, al Partido Comunista, para que realice actos culturales que sirven para juntar dinero para ayudar al tratamiento de Gladys Marín. En eso estamos, nos parece algo concreto, nos parece que el nombre de ella, de Violeta, de Víctor y el nuestro siempre estuvieron juntos, entonces ahora es el momento de demostrarlo.

 

¿Y la Fundación Violeta Parra, cómo va? ¿Muchos se preguntan como se da lo de Cardoen?

Bueno, él está interesado en la cultura hace mucho rato, tiene cuatro museos funcionando, se interesa por la platería araucana, por los ponchos doñiguanos, etc. Y nos propusimos con él llevar adelante este Museo Violeta Parra. Primero iba a ser en Carmen 340, pero como no se logró conseguir un lugar para estacionamiento (parece que en este país más importante que las obras son los estacionamientos) nos asociamos con la Municipalidad de Santiago y conseguimos El Castillito que está frente al Museo Bellas Artes, además mi madre se ponía con sus pinturas al frente, en las riberas del Mapocho, cuando había la Feria de Artes Plásticas. Ése es un lugar popular los fines semana y mi madre lo único que quería era que el pueblo chileno viera su obra. Isabel ha guardado ese material por años y ahora en asociación con estos personajes que nos están dando una mano y un espacio se va a mostrar la obra de la Violeta. Lamento que no haya sido el gobierno de la Concertación el que valorara esto, pero no importa, eso no nos cambia en absoluto.

 

¿Porque tampoco hay ningún tipo de imposiciones ideológicas, por decirlo de alguna manera?

No, ni la más mínima. Sólo se trata de exponer la obra de la Violeta de una manera digna. No existe ningún tipo de acuerdo de otra especie, y eso es importante que la gente lo sepa muy bien.

 

Usted también ha incursionado en la literatura ¿Cómo le ha ido con su libro de cuentos?

Cómo me ha ido no lo sé, nunca me he preocupado mucho de las ventas. Una vez pregunté y me respondieron normal, será dije yo. En todo caso es una ventana grande la que se me abrió con esto de poder escribir y contar un poco de manera de ficción, porque como tú bien sabes que los escritores, o los aprendices de escritores como es mí caso, nos basamos en la realidad para poder mentir mejor. El primer libro "Dos palomitas y una novelita corta" está hace ya ocho meses en circulación y ahora he traído "La historia breve de un niño raro" que es una novela. Se desarrolla en la zona central, en el mundo campesino.

 

Tras el exilio ¿Cómo ha sido su reinserción laboral en Chile? ¿Considera que con la llegada de la Concertación se abrieron más espacios para el artista nacional? ¿Cómo ves la institucionalidad cultural?

Bueno, las cosas siempre se demoran. Yo siempre he tenido un espacio en el corazón de los chilenos y cada vez que vengo hago por lo menos un concierto. Particularmente con mis amigos de La Pintana donde, con ellos, trabajo desde 1996 en la época en que Jaime Estévez era diputado. Empecé a trabajar con el Grupo Ventisca. Jaime Pavez nos ha dado un espacio y cada vez tenemos más contactos. Incluso el grupo ahora vino a París y cantamos en la fiesta del Partido Comunista L’ Humanite y tenemos proyectos muy buenos para febrero, pero no es la institucionalidad cultural ni la Concertación que nos ofrece cosas. No, nosotros buscamos pega por aquí y por allá, en el sur, el norte, etc.

 

Usted aún vive fuera del país ¿Piensa regresar definitivamente algún día? ¿Cuáles son las principales dificultades que ve para un regreso definitivo?

Cuando me muera, pero estoy haciendo todos los trámites para tener Fonasa, también soy exonerado y tendré derecho a una pensión miserable de noventa lucas, espero, aunque todavía no está claro tampoco. Pero sobre todo lo que yo no quiero romper es algo que me ha costado enormemente construir con mi mujer en Francia. Tengo un mundo familiar, social, político, profesional. Cómo voy a desperdiciar todos estos años viniéndome a instalarme en Chile. Este país lo conozco al revés y al derecho y soy feliz cuando vengo a cantar, pero yo vivo en París y estoy feliz de que así sea.

 

Finalmente ¿Qué impresión le deja la actual situación política de Chile? ¿Qué opina de la transición?

Yo pienso, contrariamente a lo que dicen algunos sociólogos, que la transición no está terminada y es normal que así sea porque trece años es muy poco tiempo. Creo que falta todavía una generación. Hay muchas heridas aún. Eso sí que hay cosas que son sintomáticas de cómo va evolucionando esto. Me enteré por el periódico que un hijo de un desaparecido ingreso a la UDI, y por qué no, si son partidos que les ofrecen un espacio. Chile democrático era con el partido conservador, liberal, comunista, socialista, nacional, etc. Mientras más se exprese la gente, entre más utilice la democracia para expresarse mejor va ser. Aquí lo que no hay que tener son cuotas de poder terroristas, como lo tiene por ejemplo El Mercurio o Copesa, creo que hay que ir peleando porque la torta se vaya repartiendo. Creo que vamos por un buen camino y sería mejor si nuestro presidente al final de su mandato pudiera haber cumplido lo que prometió cuando dijo que ni la salud ni la cultura podían estar en el mercado.

 

ALEJANDRO LAVQUEN

 

 

 

 

CARTA ABIERTA A VÍCTOR JARA

(Escrita por Ángel Parra en diciembre de 1987 en París, Francia)

"Querido Víctor:

Me despierto con ganas tremendas de escribirte para contarte lo que me sucedió anoche 24 de diciembre. Serían como las 12:10 cuando sonó el teléfono, nosotros dormíamos profundo, lo de siempre cuando te despiertas antes de haber terminado su noche, ¿quién será? ¿Porqué tan tarde? etc. La llamada era de Chile, para decirme que formaba parte de los perdonados, que era parte del paquete de regalo de pascua que la dictadura ofrecía este año.

La voz querida de mi hermana sonaba radiante, ¿te acuerdas Víctor de su voz? ¡Se te acabó el exilio hermano, se te acabó el exilio! Por un segundo compartí de corazón su alegría, la alegría de tantos otros que pelean todos los días a brazo partido por el fin del exilio y que en mi caso consiguieron mi perdón. Perdón, ¿pero de qué, Dios mío me pregunto? ¿Me están perdonando tus 40 balas por la espalda? ¿Mi padre a quien no volveré a ver?

Ellos me están perdonando nuestros 30 mil muertos y ¿el río Mapocho ensangrentado? Me perdonarán acaso los cadáveres que traía el Renaico en Mulchén? ¿Los fusilados de Calama (al quinteo, es decir 1-2-3-4-5-tú), el director de la Sinfónica Infantil de La Serena? ¿El padre Jarlan símbolo de los pobladores torturados violados relegados expulsados encarcelados desaparecidos? ¿Carmen Gloria, Rodrigo?

Parece que debo hacer una reverencia y agradecer el perdón. aquí no ha pasado nada y tan amigos como antes.

¿Qué te parece Víctor? A veces pienso que es mucha la generosidad, y que soy un mal agradecido. Me perdonan Marta Ugarte, Tucapel, el Chino Díaz, Weibell, los degollados, Pepe Carrasco, Corpu Cristi y yo no sé agradecer. ¿Me siguen perdonando los cinco jóvenes desaparecidos en septiembre del'87, mi pueblo hambriento, la cesantía, la Prostitución infantil y este nudo en la garganta permanente desde hace 14 años también me lo perdonan? Me pregunto si en este gesto están incluidos mis amigos muertos en el exilio, Lira Massi, Ramírez Necochea, Guillermo Atias, Vega Queratt.

Estás en la lista, cuál lista, la de los que pueden reír pensar, circular, amar, morir, vivir?

En fin Víctor amigo, mucho tiempo que quería escribirte pero ya me conoces soy un poco flojo. Te contaré que estoy componiendo mucho, entre merengues, tonadas, cumbias y cuecas, oratorios y pasiones, el tiempo pasa y se queda inscrito en el alma.

Quiero hablarte un poco de mi mujer a quien no conociste, pero conocerás algún día o no, mejor lo verás en ella cuando llegue el momento. Ella me ha dado algo que yo no sé como se llama, pero que se traduce en una cierta seguridad equilibrio y alegría de vivir, la misma que tú tenías junto a tu mujer. Me acuerdo perfectamente de tu claridad y seguridad en tus pasos, aventuras y destinos. Y eso se reflejaba en tu trabajo, el teatro, la peña, el partido, los sindicatos y los amigos. Siempre tenías tiempo para todo (yo me cansaba de mirarte). Me acuerdo que la Viola me decía, aprende, aprende. Espero haber aprendido algo.

Por ejemplo:

La humildad, el heroísmo no se venden ni se compran que la amistad es el amor en desarrollo que los hombres son libres solamente cuando cantan, flojean o trabajan chutean el domingo la pelota o se toman sus vinitos en las tardes le cambien los pañales a su guaguas distinguen las ortigas del cilantro cuando rezan en silencio porque creen y son fieles a su pueblo eternamente como tú y como miles de anónimos maestros somnolientos de domésticas, mineros, profesores, bailarinas, guitarreras de la Patria. También quiero decirte al despedirme que París está bello en este invierno que no acepto los perdones ofrecidos que mi patria la contengo en una lágrima que vendré a visitarte en primavera que saludes a mis padres cuando puedas que tengo la memoria de la historia y que todo crimen que se haya cometido deberá ser juzgado sin demora que la dignidad es esencial al ser humano que el año que comienza será ancho de emociones esperanzas y trabajos sobre todo para Uds. Víctor Jara que siembran trigo y paz en nuestros campos".

 


Entrevista a Juan Nicolás Padrón

Enviado por Ana Montrosis el 24/03/2008 a las 02:19 PM
 
JUAN NICOLÁS PADRÓN
y su "Palma en El Huracán"
Publicada en "Punto Final" N° 481 (06 de octubre del 200º)

¿Cuál es el significado, para ti, de poder publicar en Chile tu ensayo sobre la identidad cubana?

Ha sido una grata sorpresa, una sombrosa satisfacción. Chile para mí ha tenido un interés creciente desde que comencé a advertir su rica historia. La agonía de Caupolicán y la histórica resistencia de los araucanos fue contada por un enemigo de los antiguos pobladores de Chile, Alonso de Ercilla, en el largo poema La Araucana, primera obra poética que expresa de alguna manera un sentimiento americano, prueba de la admiración del poeta a esa invencible resistencia. Cuando era estudiante estudié la vida del polémico Bernardo O’Higgins, y siempre me llamó la atención el pensamiento de Francisco de Bilbao, una obra todavía hoy muy poco divulgada. La presencia eterna de ese caballero de la dignidad de los pueblos latinoamericanos, el insigne Salvador Allende, hizo posible que tuviera un acercamiento vital a Chile. Conocí a muchos chilenos después del golpe –por cierto, el "neutral" diccionario Larousse le llama a este baño de sangre: "pronunciamiento militar–, y ello posibilitó conocer mejor la cultura de este noble pueblo. Sin embargo, no puedo decir que conozco la Historia y la cultura de Chile. He hablado con decenas de chilenos bien informados que tienen centenares de puntos de vista sobre su proceso histórico, diversidad que recuerda a las múltiples opiniones de los cubanos entorno a cualquier objeto de estudio. No obstante, en Cuba existe una conciencia muy fuerte sobre la unidad alrrededor del proyecto revolucionario que defendemos desde hace más de 40 años, y para la gran mayoría de los que vivimos en la isla ello hace que subordinemos matices no esenciales a lo fundamental: no dejarse devorar por la hegemonía del imperio de los Estados Unidos.

De lo poco que conozco de Chile, puedo apreciar que hay muchas semejanzas en las identidades de los pueblos chileno y cubano. La bandera que Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria en Cuba, hizo flotar en Yara en 1868 con el primer grito de independencia, es la misma que Chile tiene hoy. Habrá que recordar que en un pasquín revolucionario fijado en la ciudad de Trinidad en fecha tan temprana como 1822, se decía: "Biba (sic) la independencia por la razón o la fuerza"; y, precisamente, el escudo chileno nos declara: "Por la razón o la fuerza". Tales semejanzas demuestran que tanto en Chile como en Cuba se habían asimilado las ideas racionalistas de la Revolución Francesa desde principios del siglo XIX, pero también la cultura de la resistencia para tomar la otra opción si fuese necesario. Ojalá que mi modesto ensayo sea un grano de arena para contribuir a ganar más conciencia de la imprescindible e impostergable necesidad de la unidad ante un proyecto auténticamente emancipador.

 

Un largo capítulo de tu libro se refiere a lo "poético de la cubanidad". ¿Cómo asumes lo poético en la identidad de un pueblo?

 

Fue José Martí, el Apóstol de la independencia y de la libertad de Cuba, quien dijo que la poesía era indispensable y "más necesaria a los pueblos que la industria misma". Se trataba de una personalidad de quien con dote de estadista conocía muy bien la sociedad norteamericana y amaba al progreso. No debemos olvidar estas afirmaciones para nuestros pueblos hispanoamericanos, ahora que algunos están muy empeñados en ponerle apellidos convenientes para el mundo unipolar a la irreversible "globalización". José Lezama Lima demostró que la poesía era una forma de conocimiento de la realidad y de la Historia, y desde su poética, sólo podía expresarse con un lenguaje subjetivo salpicado de sugerencias inapresables. Cada pueblo tiene su propio rostro y cada poeta encara su universo, mas si de fronteras se trata, las más importantes son las culturales y no las que artificialmente trazan hoy los mapas marcando las demarcaciones político-administrativas. De esta manera, los elementos más estables de las microidentidades que diseñan el perfil de una población, nos viene por la cultura en su sentido más abarcador. Hay que recordar que identidad no es homogeneidad y que es un organismo vivo y dialéctico, relativo y relacional, pero en todos estos elementos se pueden descubrir regularidades y factores muy profundos en ciertos estados del espíritu que generalmente la Historia no los registran, ni la política los ve, ni las leyes los tiene en cuenta, ni la religión les interesa. La verdad, la libertad, la bondad, el futuro, el entendimiento, la memoria, etc, son conceptos que se enriquecen considerablemente en la expresión de lo poético mediante ambientes y atmósferas que logra la poesía con las subjetividades más tempestuosas, y a veces confusas, pero si es auténtica, desde su raíz telúrica y asiento natural en una realidad donde el hombre sencillo en su cotidianidad es el protagonista. El verso, por muy halado y sonante que parezca, para referirnos concretamente a la poesía de los poemas, su vuelo no solo reproduce un estado individual de un espíritu, sino que irradia una luz de la que todos hemos participado en su génesis y apocalipsis, y de alguna manera descifra aspiraciones colectivas y espeta frustraciones generacionales en su devenir.

 

¿Por qué "La palma en el huracán"?

 

Tiene un carácter simbólico y ofrece disímiles lecturas. En Cuba la palma real está en el escudo nacional porque nuestro primer poeta romántico, José María Heredia, la evocó en medio de la contemplación de su oda a las cataratas del Niágara cuando estaba desterrado en los Estados Unidos; es una reiterada presencia en el paisaje cubano, crece silvestre y resiste aún cuando es atacada por un rayo. También en esta isla tropical son frecuentes cada año los huracanes, aunque no tanto como los temblores de tierra en Chile. Los huracanes a veces son arrasadores; y otras veces pueden dejar algunos beneficios por las lluvias que le acompañan. Quiere ello decir que podemos sacar provecho hasta de las agresiones, porque hasta cuando dejan saldos negativos, el pueblo los ha tenido en cuenta para organizarse mejor y tomar las medidas de previsión a fin de que no cause un daño devastador al año siguiente. En 1926 azotó a Cuba un ciclón muy recordado por los efectos desastrosos que dejó; en aquella ocasión circuló una foto increíble de una palma a travesada por un madero, para quien conozca la dureza del tronco de una palma, esta fotografía puede resultar más inverosímil todavía. Esta imagen sirvió de inspiración a una composición musical del genial trovador Sindo Garay; la canción se llamó "El huracán y la palma", y un fragmento dice: "Pero hay una palma,/ que Dios solamente/ le dijo al cubano:/ cultiva su honor".

Creo que tanto la Historia como la Cultura de Cuba pueden ser representadas por la fuerza de una palma erguida, sus raíces profundas en la tierra, sus pencas y penachos flotando libremente al viento, a la brisa, al tornado que se genera en el país o al huracán venido del exterior. La palma está lista para probar en cada evento su resistencia.

 

Háblanos brevemente de las "utopías sucesivas". Te lo pregunto en relación a tu frase:

"hemos acumulado todas las utopías sucesivas de este siglo y del anterior en la

permanencia del proyecto revolucionario". ¿Cuáles son?

 

En primer lugar, te confieso que todavía no estoy muy conciliado en llamarle a las aspiraciones legítimas y realizables, "utopías", aunque sé que utilizo mucho esta expresión. "Utopía" es no hay tal lugar, sin estar en el mapa o fuera de la geografía.

Como sabemos, su significado original proviene de una república óptima ubicada en una isla imaginaria –a propósito, según las descripciones, semejante a la geografía cubana– que el filósofo inglés Sir Tomás Moro concibió en el siglo XVI, por cierto, sin propiedad privada –quisiera recordar que Moro fue decapitado y acusado de alta traición. No tendría sentido para los revolucionarios de esta época proyectar una sociedad que nunca pudiera realizarse. Este concepto se ha extendido para referirse a los ideales, pero insisto que son realizables y de hecho en Cuba lo han sido. Cuando hablo de "utopías sucesivas", me refiero a los ideales que los patriotas han tenido a lo largo de su historia, desde que nació el criollo hasta lo que se espera del siglo XXI. La independencia económica y política de España, así como la abolición de la esclavitud y el logro de las libertades ciudadanas, anhelos de la colonia esclavista del siglo XIX, fueron sustituidos y mediatizados por otra dependencia económica, comercial, financiera, política y militar más refinada y profunda, la de los Estados Unidos, y por un racismo y discriminación que se extendía como complejo de inferioridad, expresión de la neocolonia yanki. La "gran utopía cubana", la república concebida por Martí, que ha sido la más democrática que ha podido soñar la especie humana, se frustró. Entonces, para acercarse a este sueño había que hacer la revolución, frustrada también en la década del 30 de este siglo por la intervención de los poderes imperiales del mismo vecino de los altos. República independiente con libertad y Revolución social antiimperialista fueron acumulaciones que para hacerlas posibles no quedaba otra opción que el Socialismo. Todos estos sueños cumplibles se hicieron realidad en el proyecto revolucionario que se inició el primero de enero de 1959 y que hoy conserva fortalecida sus bases como un resumen de los contenidos de luchas centenarias y no como producto de esferas de influencias geopolíticas, copias miméticas y otros deshechos de la posguerra. Como ves, la palma tiene raíces profundas, no se quiebra porque es flexible ante los vientos y permanece fuerte y erguida.

 

¿En qué cambió la Revolución a la poesía cubana?

 

La Revolución lo cambió todo, lo que uno puede imaginarse y lo que no: la economía, la agricultura, la industria, el comercio, las finanzas, la sociedad, las leyes, la familia, la religiosidad, la educación, la cultura, el deporte, el ocio, la forma de comportarse y actuar, la manera de relacionarse, las modas y los modos, las costumbres sociales, los hábitos personales y colectivos, las comida y sus tradiciones, los velorios y los funerales, los casamientos y los apareamientos, los sueños, las expectativas, las motivaciones..... es decir, literalmente todo, hasta los cambios para producir los cambios. Se reemplazó el contenido y la forma de vivir y de pensar. De esta manera, la poesía se transformó. Rápida, y violentamente a veces, el sujeto era otro, por lo que el objeto tenía que ser diferente, y viceversa. Los lectores fueron muchos más y mejores, a punto de que fueron otros; los poetas se redimensionaron y estaban urgidos y emplazados a ser otros; los libros por primera vez fueron necesidades accesibles y crecientes. A partir de entonces, la Poesía ha viajado y vibrado junto a las mismas etapas del quehacer revolucionario, lo que no quiere decir que ha sido siempre halagadora, porque hay que entender que la Revolución somos todos, incluyendo poetas, dirigentes, lectores –en ocasiones las tres cosas sin exclusiones y al mismo tiempo. No pocas veces algunas medidas de funcionarios estatales han entrado en contradicción con las aspiraciones de los escritores, y tales situaciones a veces han sido traumáticas. Te aseguro que desde hace más de dos décadas los traumas no se cargan sólo para los creadores– por cierto, un buen funcionario debe "funcionar" creadoramente. Los cambios ahora siguen y tampoco vivimos en el paraíso. Siempre la Revolución ha sido el purgatorio perfectible.

 

Una de las características de la poesía, en todo el mundo, ha sido siempre su carácter

cuestionador de la sociedad. ¿Cómo se desarrolla esto en una sociedad socialista?

 

Si dices "en una sociedad socialista", te estás remitiendo a una abstracción que desde hace mucho tiempo estoy plenamente convencido de que no tiene ningún significado preciso. ¿De cuál "sociedad socialista" me hablas?: ¿de la URSS de Stalin o de la Rusia de Gorbachov, de la de los Khmer rojos de Kampuchea o de la actual, de la China de Mao Tse Tung o de la de Den Xiao Ping, de la práctica "socialista", "democrática" y "popular" en los desaparecidos sistemas de los países eurocomunistas; de los nombrados "Partidos Socialistas" que dirigen una parte de las sociedades árabes y negras en el Medio Oriente o en África, que por demás, todos y cada uno de ellos son y han sido diferente? Asumo que me estás hablando de Cuba en este momento, porque ni siquiera esta pregunta puede ser contestada de igual manera en el patriótico momento épico de declararse Socialista la Revolución como preludio al ataque a Playa Girón en abril de 1961, primera derrota militar del imperialismo yanki en América; que diez años después en el patético y tristemente célebre I Congreso de Educación y Cultura que intentó un acercamiento al llamado "realismo socialista"; que en la democrática y esplendente década de los ochenta. Por otra parte, si de "carácter cuestionador" se trata, puedo asegurarte que no son pocos los criterios, opiniones, medidas, leyes, resoluciones, decretos, decisiones, etc que en mi país no se cuestionan desde su enunciado o formulación hasta su posible aplicación o sanción. En público o privado, conducido y enfrentado a los más inimaginables vericuetos, controlado o desbocado, casi todo se cuestiona cada día y en cada momento. Y no soy absoluto, porque como ya te expresé, hay principios, esencias y fundamentos, que son incuestionables –y a veces sacrificios de silencio en aras de no romper la unidad o la estrategia que pudiera afectar lo principal, lo esencial y lo fundamental. Quisiera aclararte que este es el proceder de la gran mayoría de la población cubana de hoy, que es revolucionaria y con una alta cultura política. Si me preguntas cómo lo sé, te puedo responder de que las periódicas elecciones que se hacen en Cuba cada dos años y medio, representan de laguna manera una especia de plebiscito que demuestra el apoyo que tiene la Revolución, y poniéndolas todas malas para que sea negativo, se arroja un resultado favorable al proceso de más del 90%, siempre. Haciendo estas aclaraciones, la poesía y los poetas revolucionarios cubanos, cuestionadores de casi todo, no son ni más ni menos. Ellos forman parte de ese pueblo que se siente dueño de una original Revolución, siempre con capacidad para rejuvenecerse y con la libertad y responsabilidad de polemizar, debatir, discutir, controvertir, argumentar, razonar, examinar, estudiar, etc. Temas, asuntos, materias, proyectos, programas, sumarios, ideas, cuestiones, métodos, tratamientos, promociones, acciones, etc., que están relacionados con la creación y la sociedad, y a veces, con lo humano y divino. Pero sinceramente te digo que aquellos poetas que usan la poesía o cualquier cosa para hacer contrarrevolución, no creo que tengan la más mínima posibilidad de hacerlo en Cuba. En el caso de estos poetas con estas intenciones, lo que hacen generalmente es que publican fuera del país, posiblemente con todo el apoyo publicitario –ya tu sabes dónde. Si estamos hablando de verdaderos poetas, no son muchos estos últimos, comparados con los centenares que hoy escriben en la isla con su principal censura: la falta de recursos para publicar más.

 

¿En qué están los jóvenes poetas cubanos en este momento?

 

Recientemente escribí un artículo llamado "Diez observaciones a la emergente poesía cubana de finales del siglo XX", en que están glosadas algunos de estos derroteros. Te podría decir que la llamada "poesía social" tiene un punto de vista aquí más individual, personal y singular que hace diez o quince años; no porque los poetas que la proclaman sean voceros del individualismo, sino porque ellos han rechazado un discurso poético de un colectivismo demagógico que se mantuvo latente o vigente en la década de los 70 y en los primeros años de los 80, y que, en definitiva, propuso la anulación de la individualidad, la personalidad y la singularidad en muchos casos. El actual discurso poético es antirretórico –aunque sin que ahora lo podamos ver, se está construyendo su propia retórica–, mantiene un diálogo con la Historia que se establece desde diversas naturalezas axiológicas y en él predomina lo ético por encima de lo épico. En ocasiones los más jóvenes hacen propuestas experimentales que casi siempre, por no contar con los espacios idóneos, no son muy bien comprendidas; estoy pensando en una especie de "performance", en que se vincula el texto a la manera de expresarlo y comunicarlo. Ahora, en sentido general, se está poniendo más atención por parte del receptor –y obligadamente por parte del emisor y viceversa, nadie sabe–, al contenido del poema que a la forma, sin desconocer que hay solitarios ejemplos cercanos a un nuevo esteticismo. Las fuentes y las referencias que se insertan en los textos son diversas, ricas y a veces insólitas, y se incorporan a la manera "posmoderna", es decir, intercambiándose con el discurso del "yo" poético; frecuentemente estas intervenciones se diluyen en las esencias planteadas en un eclecticismo enriquecedor. Los temas son múltiples y de alguna forma dan continuidad a los tradicionales de la poesía cubana y mundial de todos los tiempos. La poesía escrita por mujeres no representa un feminismo fundamentalista, como he percibido en algunos otros lugares. Continúan las formas cerradas como el soneto y la décima, conviviendo con todas las libres, incluyendo la prosa poética. Hay un equilibrio entre lo nacional y lo emocional, aunque hay ejemplos en los dos extremos; en el primero, relacionado con el mundo de la filosofía; en el segundo, con un erotismo impúdico. Se escribe poesía gay y transexual. Los escenarios donde se sitúa la lírica pueden ser pasados y remotos, fantasiosos y míticos, o presentes y actuales. Creo que ha crecido mucho el tema de la identidad, el rescate poético de zonas perdidas u olvidadas que funcionan como argumentos que reflejan una identidad personal, familiar, grupal, regional, etc., y algunas visiones de cubanidad o cubanía pueden resultar ahora inusitadas para esquemas y estereotipos. Se pueden leer poemas asociados con el poderoso ritmo de nuestra música o en cercanía con ella. También he leído muy recientemente una vinculación real de la voz poética a la fe cristiana y un punto de vista donde se demuestra una conciencia ecológica muy fuerte a partir de la exhuberante naturaleza de la isla. Como te podrás dar cuenta, es difícil "clasificar", que en cierta forma significa "esquematizar" los caminos finiseculares de la poesía cubana. Tal intento será siempre incompleto y poco útil. Solo te puedo decir que la insatisfacción es el lugar de encuentro de la poesía, y no podría ser de otra manera en jóvenes poetas revolucionarios que nacieron con una serie de conquistas logradas y luchan por otras que seguramente los hará mejores. Intenté hacer una antología de jóvenes poetas cubanos de la década del 90 con Chile, que ahora está un poco detenida; tiene por título un verso del poeta Carlos Augusto Alfonso que dice: Estoy ronco de gritar yo quiero. Creo que ese título resume en una sintética respuesta tu pregunta.

 

¿A qué te refieres con la afirmación "el llamado eufemísticamente Periodo Especial para Tiempos de Paz?

 

Imagínate que el país más poderoso de la tierra haga frontera –una frontera marítima de 90 millas en una vecindad de minutos con los actuales aviones– con Chile, y que este primer país sea el enemigo histórico del segundo desde principios del XIX. Imagínate que tu país dependa del comercio exterior para poder no sólo desarrollarse, sino desenvolverse y vivir –por ejemplo, que el combustible con que se mueve el país, haya que traerlo de 9 750 kms de distancia. Imagínate que de la noche a la mañana desaparezca el 80% del comercio exterior y que el enemigo de tu país –que te recuerdo que es el más poderoso del mundo- emplee todos sus medios posibles en una guerra económica, comercial, financiera, política, diplomática, cultural, propagandística, etc., para destruirte o más bien aniquilarte–. Fíjate que te estoy hablando de una guerra moderna con sus respectivos muertos, que casi siempre serán los enfermos en los hospitales que fallecen por la falta de un medicamento. ¿Qué pasaría en Chile? Estoy convencido de que el pueblo chileno resistiría como lo hacemos nosotros, porque tanto uno como el otro tienen muy bien asimilada la cultura de la resistencia, pero también estoy seguro de que sería a un costo altísimo. Te he simplificado, pero la situación es peor, no creas que he exagerado. Podrás comprender que a la crisis más aguda que recuerda la Historia de Cuba, y una de las peores que ha podido enfrentar cualquier pueblo, se le llamó Período Especial para Tiempos de Paz, como previendo que podría haber otro más violento todavía: para tiempos de guerra. Personalmente yo pienso que fue un modo de expresar con suavidad lo que el pueblo heroicamente tenía que encarar, lo de "especial" había que asimilarlo con mucho decoro, porque lo que se estaba defendiendo no era solamente las conquistas del Socialismo, sino la continuidad de la Revolución, es decir, la existencia de la patria y de una nación misma. Se supone que algo "especial" induce a pensar que puede ser óptimo, pero en realidad la idea era preparar a la gente para lo extraordinario. Martí había dicho que "los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad". Especial fue el período que comenzó con la década que ahora concluye y agradezco esos eufemismos en tiempo difíciles porque para no ser demagogos –y nunca nuestra alta dirigencia revolucionaria lo ha sido– había que decir a tiempo la verdad con los mejores recursos políticos, y sin perder la esperanza. Cuando se anunciaba el "período especial" se hacían libros fuera de Cuba pregonando "el fin de la historia" y la "última hora de Castro". Podemos decir que nuestra recuperación está señalando la "normalidad". Me siento orgulloso de pertenecer a un pueblo de titanes que con inteligencia, valor y lucha persistente está superando lo extraordinario.

 

¿Cómo ves la participación política de las nuevas generaciones en Cuba?

 

¿Tú crees que podríamos hablar así si los jóvenes no hubieran participado? Yo creo que después de esta última década del siglo estamos asistiendo, no a la participación, sino al protagonismo. En el Período Especial encontramos la fuente eterna de la juventud. En el siglo XVI Juan Ponce de León descubrió las tierras de lo que hoy son la Florida en Estados Unidos, y de allí trajo noticias a Cuba de que en esa nueva tierra, había un río cuyas aguas tenían la maravillosa virtud de rejuvenecer a las personas que se bañaban en las mismas; gobernadores de Cuba como Hernando de Soto y conquistadores como Pánfilo Narváez intentaron encontrar ese río sin fortuna. Estaba equivocados, con la experiencia que han adquirido nuestros jóvenes en esta lucha y con el baño de vitalidad que hemos tenido en esta difícil prueba los que ya pasamos de "media rueda", ese río está aquí en la isla. Las generaciones más nuevas liderean acertadamente los procesos fundamentales de la economía, la sociedad y la política. El colofón de esta primera batalla fue por el secuestro y la retención del niño Elián González en los Estados Unidos, ganada por el pueblo más unido que nunca, convocado y conducido por jóvenes y hasta por niños. Han aparecido decenas, centenares, de dirigentes luminosos. Ha sido una sorpresa hasta para los que conocíamos de esta potencialidad. Es asombroso este liderazgo de los jóvenes que está listo para entrar en otras batallas de esta larga guerra: derrota al llamado perversamente "embargo" –aquí no hay eufemismo, sino perfidia– para mí es un ensayo de las guerras que vendrán en el siglo XXI; fracasar la ley norteamericana de "ajuste cubano", negocio asesino contra personas inocentes; abortar el engendro de la laberíntica ley Helms-Burton, cínica por naturaleza e imperial por sus métodos para aplicarla; y torcer el sentido contrario en los "carriles" a la hipócrita ley Torricelli que pretende dividir a nuestro pueblo. A propósito, Cintio Vitier, uno de los ensayista cubanos vivos más lúcidos del siglo, ha escrito un poema que se leyó en las manifestaciones organizadas por los jóvenes en apoyo a la liberación de Elián; refiriéndose a esta preparación de unidad y fuerza que ha tenido el pueblo de Cuba, el último verso resume esta gloriosa jornada: "no saben lo que han hecho".

 

¿Tu relación con la poesía chilena se ha dado a través de la lectura de qué poetas?

 

En realidad conozco muy poco de la poesía chilena, si tenemos en cuenta de que Chile es uno de los países de Hispanoamérica que cuenta con una mayoría de poetas de altísima calidad –quizás junto a Argentina, México, Uruguay, Colombia, Nicaragua y Cuba. Por supuesto que he leído mucho a los fundadores, pero no basta: la sideral poesía de vanguardia de Huidobro; la grandiosa obra de Neruda, uno de los pocos poetas en el mundo que se ha superado a sí mismo más de una vez; y la desmitificadora antipoesía de Parra. También es evidente que he leído casi todo lo de la Mistral, una de las grandes poetisas de América, vinculada a Cuba por su admiración a Martí y por su amistad con algunas de nuestras mejores mujeres poetas; mas no es suficiente. Reconozco la maestría enunciativa en el fuerte verso de Enrique Lihn y me gusta mucho ese discurso poético tenso hasta los estados límites de la angustia en la obra poética de Gonzalo Rojas. He leído a poetas cercanos a un tipo de surrealismo latinoamericano como Braulio Arenas y Enrique Gómez Corea. No sé si serán importantes, pero me ha llamado la atención la poesía de Hernán Lavín y de Manuel Silva Acevedo. También ha sido de cierto interés para mí la de Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva. Personalmente me identifico con los decires sarcásticos hasta el delirio de Oscar Hahn y muy especialmente con la poesía de Pablo de Rokha, un poeta olvidado a propósito, pues su palabra con filo era una arrasadora denuncia a la hipocresía de la clase burguesa, es decir, la clase política de Chile. La prestigiosa institución donde trabajo ha publicado algunos libros de los fundadores, entre los que está rescatado en su carácter fundacional Pablo de Rokha. Además, la Casa de las Américas me ha dado la oportunidad de conocer las décimas de Violeta Parra, la obra de Fernando Lamberg –una acertada crítica a la oligarquía– y la de Hernán Miranda –una sensible y dramática visión desde el exilio después del golpe. De los Premios Casa distingo el original e intenso poemario Vírgenes del sol, inn cabaret: segunda elaboración, de 1986, y muy singularmente, esa parodia lírica entre la Historia y la Cultura que poetiza Tomás Harris en Crónicas Maravillosas, de 1996. Porque han venido recientemente como jurados al Premio Casa, y por tanto, ha traído sus libros y han ofrecido recitales, conozco la poesía de humor e ingenio de Teresa Calderón y la histriónica declamación mística de amplios registros persuasivos de Raúl Zurita; ojalá que estos dos últimos poetas puedan ser publicados en Cuba cuanto antes. Recibo puntualmente la revista literaria femenina de María León Bascur, Safo, donde encuentro a menudo algunos poemas de interés. Conozco algunas revistas chilenas, como la Revista Aérea, donde se publican muchos buenos poetas; es imposible recordarlos a todos. Estoy seguro de que mi nómina es muy incompleta, dispersa y quizás con cierta manipulación inconsciente por la promoción que reciben algunos poetas, y de igual forma, por los escasos encuentros y oportunidades que marcan las circunstancias y la comunicación, pero ya dije que conozco muy poco de la extensa y valiosa poesía chilena.

 

ALEJANDRO LAVQUÉN

 


Entrevista a Pablo Huneeus por Alejandro Lavquén

Enviado por Ana Montrosis el 24/03/2008 a las 02:16 PM
 
PABLO HUNEEUS:
Fusilando a la Cámara del Libro

Publicada en "Punto Final" N° 526 (agosto 2002)

Escritor y sociólogo, Pablo Huneeus es uno de los autores más leídos en nuestro país, polémico e iconoclasta, sus opiniones siempre rompen tabúes. Ha publicado una veintena de libros, entre los que destacan "La cultura huachaca" en 1981, un libro que marcó los años ochenta como una voz crítica al sistema comunicacional más importante de la dictadura militar: la televisión. Otros textos de su autoría son "Los burócratas, un nuevo análisis del Estado"; "Lo comido y lo bailado"; "¿Qué te pasó Pablo?"; "Aristotelia chilensis"; "Patagonia mágica" y "El dedo en la llaga". Punto Final conversó con él sobre sus libros y su visión acerca de diferentes temas que afectan a nuestra sociedad.

¿Cómo definiría usted su literatura? ¿Hacia dónde enfoca su discurso?. Se lo pregunto por la variedad de temas contenidos en sus libros.

Como literatura verdad. Así como unos hacen ficción, novelas donde crean mundos mágicos o poesía encantadora, lo mío es realismo aterrizado. Quiero contar la firme, informar cómo son las cosas en la economía, en el sur, en las armas nucleares o donde sea que me meta. Muchos temas, pero con un propósito trazado ya por Víctor Hugo cuando dice "Saber, pensar, soñar. Todo está ahí".

Su último libro, "El dedo en la llaga!, está construido sobre la base de las opiniones que las personas le hacen llegar a través de Internet. ¿Es ésta una nueva manera de integrar a la gente en la creación de una obra literaria?

Sí. La cultura, a igual que la religión, pertenece a todos. Pero, tal como la clase sacerdotal se robó a Dios, la oligarquía cultural de hoy puja por el monopolio exclusivo del saber y del pensar. Ellos, los integrantes de esa "cosa nostra" capitalina que controla el poder financiero, militar e ideológico (prensa, TV, editoriales, Fondart, industria educacional) necesitan imponer el pensamiento único, que todos piensen y sueñen como el poder establecido quiere. Contra esa usurpación de la cultura, para que los empresarios no vuelvan a ejecutar a Sócrates, hay que abrir caminos de participación. Eso es "El Dedo en la Llaga", un libro en que yo llevo la batuta, pero la gente toca su melodía.

Usted es un escritor que edita y vende sus libros personalmente ¿A qué se debe está actitud? ¿Existe desconfianza con respecto al quehacer de las editoriales?.

Nadie cree tanto en sus libros como uno mismo. Además, he visto demasiado sobre tiraje clandestino perpetrado por "prestigiadas" editoriales, demasiada postergación y trampa al escritor como para creer que por mi linda cara escaparía de la ley del gallinero que rige el negocio editorial. Tiene su costo independizarse, menos llegada internacional contra el beneficio de escribir lo que uno quiere para la gente que uno quiere. Es la diferencia entre ir al MacDonald’s o al boliche atendido por su propia dueña. ¿Dónde, crees, se encuentra esa rica cazuela con enjundia? ¿En la gran corporación multinacional o en el Fyodor Dostievski que imprime en su propia casa sus libros?

Habiendo sido uno de los impulsores de la Feria del Libro durante los años ochenta, en el Parque Forestal, hoy se encuentra fuera de ella por conflictos con la Cámara Chilena del Libro ¿Qué pasa con esta entidad, piensa que su función no se conlleva con un verdadero proyecto de promoción del libro en Chile?

Aquí pasó lo de siempre, diría García Lorca, han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses. El libro ha sufrido el mismo asalto que el fútbol, la política, la medicina y la universidad. Lo que era una actividad de bien público, altruista, sufrió el asalto de los patudos de siempre. Lo que era una agrupación al servicio del libro chileno se convirtió en una mafia de lacayos de editoriales españolas, importadores o mayoristas, dedicados a chuparle sangre al Gobierno. 57.5 millones se adjudicó en 2001 la Cámara en "proyectos" del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. ¿Todo para qué? Lo que más vez hoy en las ferias de libro que organiza la Cámara, aparte de Pokemones y promociones hoteleras, son libros españoles. No es por nada, entonces, que otra millonada le pase Enersis, empresa de capitales ibéricos robada al pueblo chileno durante la dictadura.

¿Y lo que hace la Cámara contra el libro pirata o sea pro derechos de autor?

¿La Cámara defendiendo al escritor? ¿Las grandes editoriales, las mismas que de tanto tramitar a Adolfo Couve lo llevan al suicidio, hoy del lado del autor? ¿El pequeño Francis Drake del libro, el mismo que nunca paga las facturas por ejemplares vendidos, ahora en armas contra la piratería? Si los burócratas de la cultura bajaran a la calle verían cómo el comercio informal del libro lo abastecen las mismas editoriales que reclaman del Gobierno cárcel para quienes de cuneta en cuneta permiten que el libro se haga pueblo.

Pero si han desbaratado imprentas clandestinas dedicadas a falsificar libros

Nunca he podido comprobar esos anuncios, es todo siempre muy vago, muy de show para justificar la plata que por este concepto la Cámara obtiene. Por otro lado, en la papelera me dicen que las compras de papel que hacen los piratas son mínimas, para la risa. En cambio he visto con mis propios ojos en Salesianos un mismo libro de Paulo Coello siendo impreso en tres calidades de papel y una de las tiradas, siendo entapado en cartulina sin lacado ni barniz. Tiempo después un viejo libero me explicó que la mayoría de los libros de cuneta son sobretirajes ordenados por ejecutivos de las propias editoriales, quienes los venden chin chin a las liquidadoras. Si Investigaciones o Impuestos Internos los requisa, ellos dicen ¡horror los piratas! Compárelo con nuestra edición, vea la mugre de papel que usan, la portada mal impresa, sin lacado siquiera.

Usted fue uno de los gestores de un comité anticensura en Chile. ¿Qué opinión le merece que en los últimos años se haya prohibido la exhibición de algunas películas y que una periodista se tuviera que exiliar por escribir un libro que no es del gusto del Poder Judicial?

Por sus obras los conoceréis. Una cosa es derogar la pena de muerte y hacer por ello lindas ceremonias en el Coliseo Romano ¡qué emotivo para los diplomáticos! y otra es andar matando jóvenes en las cárceles y baleando pescadores en Coronel. Lo mismo la libertad de expresión: el pensamiento único, la cerrazón de niebla en la prensa es tanto o más opresiva que durante la dictadura declarada.

¿Qué piensa usted que les ha faltado a los gobiernos de la Concertación para lograr una verdadera propuesta cultural para el país?

Bajar del pedestal, escuchar a la gente. Son demasiado arrogantes para entender que en vez de amamantar a los cortesanos, hay que crear las condiciones, bibliotecas, salas de teatro, etc., para que cada persona haga su propia cultura.

Usted ha solidarizado y apoyado activamente a los estudiantes de la FECH en la defensa que estos realizaron de la radio de la Universidad de Chile y de la Editorial Universitaria. ¿Qué importancia le asigna a la movilización estudiantil? ¿Cree que el ex-rector Lavados a dado suficientes explicaciones a las irregularidades cometidas durante su gestión?

Los estudiantes salvaron la radio, pero no lograron retener el canal 11 de TV ni la Editorial Universitaria. Lavados y la burocracia político administrativa saquearon la Universidad de Chile del mismo modo que durante la dictadura la casta ejecutiva de Ferrocarriles del Estado desmanteló la empresa.

Saramago envió una emotiva carta para la clausura del Foro Mundial Social de Porto Alegre, en ella decía que "...De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha..." ¿Qué opina usted, como sociólogo, del sindicalismo chileno?.

Está debilitado, sanitizado, en estado de orfandad política y a la espera de un Partido de los Trabajadores que defienda a quienes el poeta Manrique define como "los que viven por sus manos".

Los últimos años se ha desatado un fuerte conflicto con el pueblo mapuche. ¿Cuáles son las deudas que según usted tiene el pueblo chileno con sus pueblos originarios? ¿Qué importancia le da a la diversidad cultural y étnica?.

Si uno ha mochileado de Los Ángeles a Angol, y treinta años después encuentra ese país de gente de campo hecho un desierto de pino insigne, presidido por la ominosa planta de Mininco, entonces viene la ira. ¿Qué fue de la familia agrícola? ¿Por qué exterminaron la vida rural? ¿Quién los desterró? O sea, el problema no es étnico ni cultural, sino económico: los ricos, vale decir la industria, quitándole a los pobres sus bienes.

En la última campaña presidencial se publicó un libro en apoyo de Gladys Marín, donde usted aparece junto a más de cien escritores chilenos, lo que para muchos fue una sorpresa. ¿Qué lo motivó a participar en esta iniciativa -inédita- en una campaña presidencial?

L’amour. Más que por amor a Gladys, que la adoro, fue por amor a la gente de Chile, mi gente, que se veía en peligro de ser traicionada por tanto perro hambriento merodeando la política. Ya lo dijo Solón arconte de Atenas 600 años antes de Cristo: "Nuestra nación se arruinará no por sí sola, ni por obra de los dioses, sino por culpa de nuestros propios políticos corrompidos con prebendas y coimas. Es la deshonestidad y la arrogancia de nuestros líderes, es nuestro desprecio a la justicia, lo que engendra la guerra civil y toda su ruina y destrucción".

ALEJANDRO LAVQUEN


Entrevista a Raúl Zurita por Alejandro Lávquen

Enviado por Ana Montrosis el 30/01/2008 a las 05:30 PM

RAÚL ZURITA: Un poeta vale por cien novelistas Publicada en Punto Final N° 555 (octubre 24/ 2003)

Creador multifacético, Raúl Zurita inicia sus publicaciones en 1975 en la revista Manuscritos con el poema "Areas Verdes". Viaja a Nueva York y escribe un poema sobre el cielo: "La vida nueva", creación compuesta de quince frases de aproximadamente ocho kilómetros de largo, en idioma español. Este trabajo fue registrado en video por el artista Juan Downey. En 1978 ya pertenecía a la agrupación Colectivo de Acciones de Arte (CADA). Su obra se caracteriza por un lenguaje y estilo muy personales, y por una temática de tipo existencialista, tanto en su vertiente intimista como en la colectiva. Durante un tiempo fue también diplomático, siendo agregado cultural en Roma entre 1991 y 1995. Entre sus libros de poesía destacan obras como Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), Canto a su amor desaparecido (1985), El amor de Chile (1987), La vida nueva (1994), Poema militantes (2000) Inri (2003). En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Literatura. Para saber más acerca de su último libro y de su visión sobre otros asuntos, relacionados con la cultura y el país, Punto Final conversó con él. En su último libro "Inri" trata el tema de los Detenidos Desaparecidos ¿Es de alguna manera, este texto, una especie de resurrección a partir de la contemplación de nuestro paisaje natural? No, ojalá fuese así. Lo que creo se ve en ese libro, en la última parte, es el sueño de la resurrección, algo como infinito, que lo abarca todo, pero es un sueño, no es real, porque lo único real es el dolor que generan esos sueños. Es la frase que termina el libro. Están muertos, solo en un sueño se soñó que revivían. Inri significa "Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum" ¿Cuál sería la analogía o relación entre el título y el contenido del poema? Bueno, es el viejo tema de la Pasión. Pero aquí es la pasión de los paisajes y de los restos que esos paisajes acogieron. El tema de la pasión cristiana continúa siendo conmovedor porque es el relato de todo lo frágil, lo desollado, de todo lo herido, y de la perpetuidad de su voz. Esa voz es creo la que habla en esta poesía y, creo, en todo lo que yo he escrito. En su obra ?y no hablo sólo de este libro- la geografía juega un papel fundamental ¿A qué se debe esto? Siento que es una cierta medida de la vastedad. Comenzó cuando terminé Purgatorio, en plena dictadura. Frente a la radicalidad del dolor sentí que yo al menos debía responder con una poesía más vasta, más radical y honda que el dolor que se nos estaba causando. Eso fueron las cordilleras, el desierto, el Pacífico. Me imaginé que allí estaban representadas las grandes improntas de la pasión humana, de nuestro sufrimiento, pero también de nuestra perpetuidad y sobrevivencia. Nada podía servirme para expresar eso. Ni la antipoesía de Parra ni la portentosidad de Neruda que me era absolutamente extraña porque esta construida desde la certeza. Siento que yo respondí desde el quiebre total, desde casi la locura, y tenía que responder, eso es la poesía que he escrito, para por lo menos poder decirle alguien "te amo". Usted ha dicho, en una entrevista, que entre Purgatorio e Inri hay un vuelo, un viaje ¿Cuáles serían las derrotas y las victorias durante ese viaje? Si te refieres a derrotas o victorias literarias no soy un crítico de mi mismo, pero lo que me correspondió fue dar cuenta de algo que no estaba registrado, hacer emerger una voz que no estaba puesta. La derrota, y es una derrota total, es haber tenido que escribir esos poemas. Ellos son una respuesta a la violencia, a la humillación de tantos y tantos. Ojalá no hubiesen habido desaparecidos ni muertos ni humillados y que no hubiese entonces ninguna poesía que tuviera que hablar de eso. No fue así. En un mundo de víctimas y victimarios le ha correspondido siempre a los poetas ser las primeras víctimas y también los primeros en levantarse para decir que no obstante todo vendrán nuevos días. En una de sus acciones de arte usted escribió, en el desierto de Atacama, la frase "Ni pena ni miedo" ¿Siguen vigentes esos versos? En un mundo donde lo más presente es la pena y el miedo, esa frase creo, es el único deseo vigente. En todo caso es increíble, el desierto donde está escrita se encargó de borrar todas las palabras salvo la palabra miedo. Es para mí demasiado elocuente. En su poética, además de un gran misticismo y existencialismo, se perciben las raíces de los cantos de la poesía de América precolombina con bastante fuerza ¿Es importante mantener esa relación con nuestros orígenes primigenios? No he buscado en la escritura esa relación como algo programático. Con una "Alturas de Macchu Picchu" basta, con un Neruda basta. Yo amo ese poema, es el más grande de la lengua castellana, pero me siento en las antípodas de él y de la actitud de Neruda. Esa poesía es una poesía que parte de la plenitud, de la seguridad en la historia, en un triunfo final. Nosotros partimos del derrumbe de todo, de la timidez, de la fragilidad y el miedo. Me conmueve en ese sentido más Parra. Pero tampoco la antipoesía daba cuenta de ese quiebre, no era sólo la lengua hablada. A veces siento que los poemas, el INRI por ejemplo, es como cuando se habla en sueños, salvo que es un sueño construido desde la desesperación y con esa intensidad que posee todo lo desesperado, todo lo que puede quebrarse sin remedio. Sólo en esa zona de lo frágil, de lo arrasado, creo estos poemas son también poesía de los pueblos de la América precolombina. En cuanto a la poesía, usted hace talleres y está en contacto con muchos jóvenes poetas. Desde su punto de vista ¿Se mantiene en buen pie la poesía chilena? Bueno, es sabido por todos que la narrativa chilena es en general bastante paupérrima. Están, claro, Donoso, los grandes cuentos de Edwards y Skármeta, algo que posiblemente sobreviva de Bolaño. Pero en realidad cualquier poeta joven es más interesante que los mejores novelistas chilenos de hoy. Se necesitarían 100 Bolaños más para comenzar a equilibrar eso. Es así y es un misterio. Hay una generación de poetas nuevos, digo mujeres y hombres menores de 30 años, extraordinaria. Por una razón que desconozco la poesía continúa siendo la voz más profunda del pueblo de Chile. Pasando a otro tema, transcurridos 30 años del golpe militar ¿Qué piensa que triunfará: la verdad y la justicia o el perdón y el olvido? Ojalá triunfase la verdad, la justicia y, desde el fondo de lo que creo para mí, en mi intimidad, ojalá también el perdón. ¿Qué opinión le merece la propuesta del presidente Ricardo Lagos sobre Derechos Humanos? La palabra propuesta me parece que se ha usado y recibido con una frivolidad infinita. No puedo entender que tantos la hayan celebrado como si se tratara de una buena noticia cuando de lo que se habla es de un daño y de crímenes irreparables. Creo que es imposible que desde el poder se pueda haber ido más lejos que lo que las condiciones generales de Chile permiten y siento que fue redactado por el Presidente Lagos desde el dolor y la impotencia. Poder y poesía comparten distintas soledades y puedo comprender lo difícil de eso, pero mi lugar como artista es otro. Mi lugar es el de los deudos porque todo Chile son deudos. Todo Chile son familiares de los detenidos desaparecidos. Todos, absolutamente todos. Incluso, aquellos que más persisten en negarlo. Incluso los Hermógenes Pérez de Arce. Una de las características de la transición sobre este tema es que, por parte de los sectores de derecha, se ha pretendido poner en el mismo plano a víctimas y victimarios ¿Qué piensa de esto? Se lo pregunto desde la perspectiva que usted fue uno de los miles de chilenos afectados directamente por la represión. Por supuesto no es lo mismo ser víctima que victimario. Eso es aberrante. Lo que sucede es que quienes cometieron esas monstruosidades no cayeron de Marte, estaban en nuestros mismo colegios, en nuestros mismo barrios. En ese sentido hay un horror general. Un horror que Chile fue capaz de producir. Esos tipos eran hermanos nuestros, hermanos monstruosos, pero hermanos nuestros. En toda culpa siempre hay una dimensión colectiva. Vivir los años ochenta fueron una tragedia ¿Cómo ha vivido usted la transición? Ha sido como tomarse un vaso de agua sin tener sed. Según usted ¿Cuáles sería los logros y las falencias de los Gobiernos de la Concertación? El logro es haber evitado un Yakarta, una masacre y eso no es menor. Es algo trascendental que ningún vivo entre nosotros tiene el derecho a olvidar. La falencia también es mayor, pero esa es nuestra. La dictadura generó entre quienes la combatían sentimientos de solidaridad y de amor, de protección, de lealtad, que fue también lo primero que se olvidó. Lo único bueno que generó la dictadura fue lo primero que olvidamos. Esa es la gran tristeza de estos años, si no lo hubiésemos olvidado no estaríamos viviendo en una sociedad tan inequitativa e injusta como la que vivimos. ¿Se considera usted un poeta militante? Se lo pregunto entendiendo militancia como un compromiso político colectivo y profundamente relacionado con la vida. Sí. ¿Qué significa Allende para usted? ¿Cuál sería su legado? Yo fui allendista antes de saber leer. Lo que ha sucedido ahora es impresionante e irreversible. Lo que derrota para siempre la dictadura y a Pincochet es el discurso de Allende. Son sus palabras. Escuchar, como ahora todo Chile ha podido hacerlo, ese contraste abismal de las "grandes alamedas" y los berridos aterrorizados de Pinochet dando órdenes, en el mismo instante, en el mismo día, ha decidido la historia. Efectivamente, algún día, porque existieron esas palabras, se abrirán para todos las grandes alamedas. En el último tiempo se ha hablado mucho de la "institucionalidad cultural" ¿Qué opinión le merece este concepto? ¿Se puede institucionalizar la poesía, por ejemplo? Me parece muy bien que se destinen más recursos a la cultura, que se den más posibilidades. Pero para un artista eso finalmente es secundario. La poesía es un acto solitario. Aquel que tiene que decir algo lo dirá, sea cuales sean las circunstancias, a costa incluso de su vida. Finalmente, a pesar de la caída de los muros ¿Aún cree en la posibilidad de un mundo mejor a partir de la socialización de las utopías? ¿Aún se pueden concretar aquellos sueños de justicia y bienestar para todos? Sí, pero nosotros no lo veremos, no viviremos allí, sólo podremos vislumbrarlo casi como en un sueño. Como Moisés que sólo pudo ver la tierra prometida. Sé, y es doloroso saberlo, que como mundo, aún no hemos cruzado lo peor.

                              ALEJANDRO LAVQUEN