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<pubDate>Wed, 20 Aug 2008 12:51:03 -0400</pubDate>
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<title>Reseņa  A 1000 en el Comercio en Lima</title>
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<pubDate>Tue, 19 Feb 2008 06:47:33 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Ana Montrosis</dc:creator>
<description><![CDATA[<div class="volada"><strong>POES&Iacute;A</strong></div><h1>Un extra&ntilde;o en la capital</h1><div class="bajada">H&eacute;ctor Hern&aacute;ndez resucita en Lima con A 1000</div><!--foto><img src="<urlfoto>" alt="Imagen de la nota" width="486">  <p class="bajadaimg" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true" mce_keep="true">&nbsp;</p></!foto --><p align="justify"><strong>Por Jos&eacute; Carlos Yrigoyen</strong> <br /><br />A finales del 2006, al poco tiempo de publicar Coma -inclasificable y descomunal proyecto l&iacute;rico que sobrepasa las trescientas p&aacute;ginas- H&eacute;ctor Hern&aacute;ndez Montesinos (Santiago, 1978), uno de los poetas chilenos m&aacute;s voceados en la &uacute;ltima d&eacute;cada, anunci&oacute; en algunas entrevistas que consideraba agotada su propuesta y que luego de haber publicado alrededor de diez poemarios en menos de ocho a&ntilde;os hab&iacute;a decidido sumirse en un silencio editorial permanente. Retract&aacute;ndose apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s, y haci&eacute;ndose llamar simplemente HH, vuelve al ruedo con el que quiz&aacute; sea su libro m&aacute;s sobrio, directo y confesional. A 1000 (o la vida muerta) es, a primera vista, un conjunto de textos acerca de la costa del Per&uacute; (sobre todo Lima), sus poetas j&oacute;venes y un amor recobrado en varios cuerpos que el poeta va hallando en su viaje m&uacute;ltiple, caleidosc&oacute;pico, a trav&eacute;s de ruinas, estaciones de bus y hoteles de una noche. Pero una lectura m&aacute;s atenta nos permite descubrir que la aventura no se limita al desplazamiento f&iacute;sico que realiza el autor y a los textos que dan constancia de este hecho: presenciamos en sus p&aacute;ginas un periplo m&aacute;s radical y arriesgado que le permite a Hern&aacute;ndez abrir una etapa distinta en su ya dilatada obra. Una etapa que le posibilita intentar -aunque sin abandonar del todo la irregularidad del pasado- la refundaci&oacute;n de un imaginario y un lenguaje cuando parec&iacute;a que los excesos y rebalses de sus entregas anteriores hab&iacute;an acabado por devor&aacute;rselo entero. <br /><br />La objeci&oacute;n m&aacute;s frecuente frente a los libros de Hern&aacute;ndez Montesinos anteriores a A 1000 consiste en que, si bien se puede encontrar en estos diversos n&uacute;cleos de inter&eacute;s, momentos de una poes&iacute;a aut&eacute;nticamente visionaria y que armoniza con rara habilidad motivos c&oacute;smicos y fant&aacute;sticos con la minuciosa descripci&oacute;n de un subconsciente pansexual de ribetes grotescos, esta casi siempre se basa en una torrencial y desbordante sucesi&oacute;n de im&aacute;genes que alcanza por ratos cierto brillo, pero que, dada la inclinaci&oacute;n del autor por extender desmesuradamente sus poemas, usualmente termina por ser sepultada bajo una capa de ripio. En A-1000 HH realiza una suerte de autocr&iacute;tica literaria. Aunque se burla en varias estrofas de los consejos de aquellos que le piden mesura a la hora de escribir, est&aacute; claro que va por primera vez a la b&uacute;squeda de elaborar un libro de poemas conversacionales cl&aacute;sicos, redondos, donde las im&aacute;genes compartan el protagonismo con las ideas. Esta intenci&oacute;n estaba insinuada en algunos momentos de Coma, pero es aqu&iacute; donde puede desarrollarse plenamente, dejando a un lado las complejas estructuras de sus vol&uacute;menes anteriores, aparentemente originales pero en el fondo muy deudoras de los primeros libros de Ra&uacute;l Zurita. <br /><br />Los resultados de esta empresa son dis&iacute;miles. Cuando HH explora su entorno m&aacute;s pr&oacute;ximo (los amores furtivos en Lima, sus impresiones de viaje, los libros que va descubriendo y reescribiendo mientras pasea por la capital) consigue los mejores tramos de A 1000 y me atrever&iacute;a a decir que de toda su obra hasta hoy. Varios poemas, como &quot;La lavadora es el mejor amigo de un homosexual con el coraz&oacute;n roto&quot; o &quot;Castigo y llanto&quot; exponen con fortuna una sensibilidad propensa al dolor, pero que se da un respiro para ironizar sobre s&iacute; misma y de paso sobre una realidad m&aacute;s amplia: &quot;la bolsa del comercio y del amor dan vuelta / pero tambi&eacute;n se acaban / como un poema / escrito en un libro / que nadie querr&aacute; leer en mi pa&iacute;s / porque mi pa&iacute;s / ya se acab&oacute;.&quot; En cambio, cuando el poeta quiere fungir sin coartadas de cronista social, o m&aacute;s bien, social-literario (&quot;Los est&uacute;pidos de siempre son ahora amigos&quot;, &quot;La parte de los intelectualoides&quot;) le es casi imposible no caer en el m&aacute;s llano panfleto: &quot;invierten tanto en su / vanidad como en su vanidad, / y creen que uno no se da cuenta / de sus fascismos camuflados&quot;. Es evidente que HH ha decidido cambiar no s&oacute;lo la orientaci&oacute;n de su discurso, sino tambi&eacute;n trocar unos riesgos por otros. Prudente ahora en la experimentaci&oacute;n y la extensi&oacute;n, menos cercano a Zurita que nunca, ha elegido volverse m&aacute;s reflexivo pero no por ello m&aacute;s fr&iacute;o; bastante menos grandilocuente y m&aacute;s interesado en las posibilidades del sarcasmo y de lo l&uacute;dico. Quiz&aacute; por ello sea en este libro donde Hern&aacute;ndez Montesinos se encuentra por primera vez m&aacute;s cerca de Enrique Lihn que del poeta de Antepara&iacute;so. </p>]]></description>
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