
Por Úrsula Starke
Boris Calderón nace en San Bernardo el 12 de septiembre de 1934. Casi toda su vida se desarrolla en la comuna de Buin. Este poeta siempre estuvo preocupado por las clases más postergadas de la sociedad, es por ello que pertenece en sus primeros años a las Juventudes Comunistas. Fue gran amigo de Pablo de Rokha y su familia. Publicó "Estío en la materia" (1954), "El libro de los adioses" (1956) y "Canción para una niña llamada Francisca" (1959). Muere a la corta edad de 28 años, el 1 de mayo de 1962, producto de un tumor cerebral. Sus restos descanzan en el cementerio de Buin.
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bajo los grandes leprosarios del invierno,
Me has esperado siempre
Desde que eres cruz de ébano.
Desorbitado de fantasmas, enloquecido,
Vago por túneles de cristal hacia los acantilados,
Te busco, para disolverme en tí como la música del
vicio
Quiero encontrarte gimiendo,
Antes que precipites el alba en la oquedad de mis fauces;
¿Dudas todavía ser flor de los abismos?
Pienso que seguirás siendo de ébano
Como cuando Dios convulso aulló: ¡Hágase la luz!
Debes ignorar que tras el horizonte
Hay una catástrofe de columnas y planetas enloquecidos,
Y que aún dista la selva de nelumbios.
¡Ay! amada, ¡Isla de Anémonas, Joya de Espanto!
¡Arroja sobre el océano tus cánticos de oro!
¡Desgarra mi corazón en el crepúsculo!
Toca tus ojos con el azufre de mis alas negras
Y verás revolcarse la tragedia del opio.
Allí, desesperados frente a la eternidad,
Solos frente a los mares de amatista,
Cuando se hunda el ocaso como una naye de espanto.
Pálidos y en silencio, enterraremos la belleza.
Somos el símbolo del advenimiento de la tierra y
el trueno,
Hemos merodeado antes las fuentes siderales,
Hemos crecido en los círculos prehistóricos del planeta
Y anillado gravedades.
La leyenda de los pálidos hieródulos,
Alcanzó su resurrección para que te amara.
He rasgado las túnicas del cielo cuando declinan las
charcas.
¡Ah! bien amada,
Vuelve a la vida desde el corazón de la tierra que te
envuelve.
Estoy enfermo de saurios y de estrellas.
Un lagarto negro me está sorbiendo los ojos.
Y tú, virgen de ébano, te adhieres en mi cuerpo.
Te anudas a mis brazos
—Como la cuerda desesperada que amarra el barco que
se hunde—
Arrodillada en las auroras boreales,
Tu actitud recuerda la congregación de palomas en celo.
Esclavos de piedra que han ejecutado
Silenciosos vicios cada noche,
Adornan la encrucijada donde se sepultaba
antiguamente a los tísicos
Para nuestra llegada,
Siguen vociferando los escualos,
Y gimiendo y resbalando, ebrios de deseo.
Y la copa de la medianoche se colma de constelaciones.
Llegaremos a libar el asco de distintas latitudes.
Dejaré en cualquier árbol mi vestimenta de macho cabrío.
Tú descenderás como cuando eras mortal.
ME ESPERAS EN LA NOCHE VERDE
Asaltado de piojos y de lacras en la noche verde.
Tú me esperas hundida en el pantano
Con los ojos cerrados, maldiciendo.
Amarrada a mis designios.
El clamor de tu boca convulsiona las estrellas
Y se triza el cielo con tu aliento oscuro.
Soberana silenciosa
Te avasalla mi falo como un lirio de espanto,
Te doblego encima de las tumbas
Y nuestro orgasmo de murciélagos cubre el Universo.
Hermosa mía, el oro de tu cabellera
Cae encima de tu frente como una paloma en el océano.
¿Hacia dónde desbordas tus corolas
En la noche aterrada?
¿Quién violenta tu tálamo de mármol?
En el alba tus manos se pueblan de pelos y de anémonas,
El odio te brota por los ojos y la boca
Y lloras de placer sobre la Biblia.
Huye, Desbocada,
Antes que el espanto ilumine nuestro crimen.
* De "Oquedad". 1954, Resurrección de las Sombras
NO SONIDO DEL DELIRIO FANTASMA
Acosados de tinieblas. Perseguidos.
¿Hacia dónde? Gris del ángel.
En el Más Allá tras el llanto de las hienas,
Con un junco de oro entre sus manos descarnadas
Dios sacude y abre para siempre
La eternidad de nuestros ataúdes.
¡Cómo te amo!
¡Cómo un tumulto de moscas afiebradas
Encienden mi delirio!
Más, ¡oh! Bellas esclavas de la noche,
¿Por qué habéis adornado mi frente lacerada
Con guirnaldas de serpiente?
¿Porqué, malditas?
La noche en ella se ha posado verde
Y me muerde su color sin límite,
Me enloquece su color caído,
Su verde devorado por la muerte.
Mientras, alejada, todo cambia, todo muere,
Tu diadema de crótalos,
Tus cristales enlodados y tu llanto.
Todo ha muerto, Deshojada, todo ha verde
Y caído para siempre en el sonido.



Hermosos poemas, es increíble la cantidad de buenos poetas que ha tenido Chile, es muy valorable que se haga un rescate de ellos.