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* Valdivia de Galo Ghigliotto

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COLECCION DE ENSAYO, CRÍTICA Y TEORÍA: "Caja de herramientas"


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Taller de creación literaria de Ana Montrosis. Información en anitamontrosis@hotmail.com

Taller de creación poética por  Héctor Hernández Montecinos. Información hernadezmontecinos@gmail.com

Taller de Literatura de la poeta Úrsula Starke, inscripciones en Casa de la Cultura de San Bernardo

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MATRIA, 2008 de Antonio Silva

A 1000 o LA Vida Muerta, 2008 de Héctor Hernández

FALTA, 2007 Victor Hugo Díaz

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Pronto se viene la presentación de la Revista Antológica "Labios Menores", por Ediciones Derrame.

 

Revista literaria Pluma Blanca y Negra

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Es tu mano la que venda
mis quejidos de pluma blanca y negra
Es tu mano quien apreta
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lo solloza, lo quiebra

 

EDITORIAL PUERTO ALEGRE

La Editorial Puerto Alegre de Valparaiso, Chile.Apoya en las ediciones de escritores nuevos y consagrados.

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Esta revista esta diseñada para aquellos poetas y narradores consagrados y emergente.

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Entrevista a Juan Nicolás Padrón

Enviado por Ana Montrosis el 24/03/2008 a las 02:19 PM
 
JUAN NICOLÁS PADRÓN
y su "Palma en El Huracán"
Publicada en "Punto Final" N° 481 (06 de octubre del 200º)

¿Cuál es el significado, para ti, de poder publicar en Chile tu ensayo sobre la identidad cubana?

Ha sido una grata sorpresa, una sombrosa satisfacción. Chile para mí ha tenido un interés creciente desde que comencé a advertir su rica historia. La agonía de Caupolicán y la histórica resistencia de los araucanos fue contada por un enemigo de los antiguos pobladores de Chile, Alonso de Ercilla, en el largo poema La Araucana, primera obra poética que expresa de alguna manera un sentimiento americano, prueba de la admiración del poeta a esa invencible resistencia. Cuando era estudiante estudié la vida del polémico Bernardo O’Higgins, y siempre me llamó la atención el pensamiento de Francisco de Bilbao, una obra todavía hoy muy poco divulgada. La presencia eterna de ese caballero de la dignidad de los pueblos latinoamericanos, el insigne Salvador Allende, hizo posible que tuviera un acercamiento vital a Chile. Conocí a muchos chilenos después del golpe –por cierto, el "neutral" diccionario Larousse le llama a este baño de sangre: "pronunciamiento militar–, y ello posibilitó conocer mejor la cultura de este noble pueblo. Sin embargo, no puedo decir que conozco la Historia y la cultura de Chile. He hablado con decenas de chilenos bien informados que tienen centenares de puntos de vista sobre su proceso histórico, diversidad que recuerda a las múltiples opiniones de los cubanos entorno a cualquier objeto de estudio. No obstante, en Cuba existe una conciencia muy fuerte sobre la unidad alrrededor del proyecto revolucionario que defendemos desde hace más de 40 años, y para la gran mayoría de los que vivimos en la isla ello hace que subordinemos matices no esenciales a lo fundamental: no dejarse devorar por la hegemonía del imperio de los Estados Unidos.

De lo poco que conozco de Chile, puedo apreciar que hay muchas semejanzas en las identidades de los pueblos chileno y cubano. La bandera que Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria en Cuba, hizo flotar en Yara en 1868 con el primer grito de independencia, es la misma que Chile tiene hoy. Habrá que recordar que en un pasquín revolucionario fijado en la ciudad de Trinidad en fecha tan temprana como 1822, se decía: "Biba (sic) la independencia por la razón o la fuerza"; y, precisamente, el escudo chileno nos declara: "Por la razón o la fuerza". Tales semejanzas demuestran que tanto en Chile como en Cuba se habían asimilado las ideas racionalistas de la Revolución Francesa desde principios del siglo XIX, pero también la cultura de la resistencia para tomar la otra opción si fuese necesario. Ojalá que mi modesto ensayo sea un grano de arena para contribuir a ganar más conciencia de la imprescindible e impostergable necesidad de la unidad ante un proyecto auténticamente emancipador.

 

Un largo capítulo de tu libro se refiere a lo "poético de la cubanidad". ¿Cómo asumes lo poético en la identidad de un pueblo?

 

Fue José Martí, el Apóstol de la independencia y de la libertad de Cuba, quien dijo que la poesía era indispensable y "más necesaria a los pueblos que la industria misma". Se trataba de una personalidad de quien con dote de estadista conocía muy bien la sociedad norteamericana y amaba al progreso. No debemos olvidar estas afirmaciones para nuestros pueblos hispanoamericanos, ahora que algunos están muy empeñados en ponerle apellidos convenientes para el mundo unipolar a la irreversible "globalización". José Lezama Lima demostró que la poesía era una forma de conocimiento de la realidad y de la Historia, y desde su poética, sólo podía expresarse con un lenguaje subjetivo salpicado de sugerencias inapresables. Cada pueblo tiene su propio rostro y cada poeta encara su universo, mas si de fronteras se trata, las más importantes son las culturales y no las que artificialmente trazan hoy los mapas marcando las demarcaciones político-administrativas. De esta manera, los elementos más estables de las microidentidades que diseñan el perfil de una población, nos viene por la cultura en su sentido más abarcador. Hay que recordar que identidad no es homogeneidad y que es un organismo vivo y dialéctico, relativo y relacional, pero en todos estos elementos se pueden descubrir regularidades y factores muy profundos en ciertos estados del espíritu que generalmente la Historia no los registran, ni la política los ve, ni las leyes los tiene en cuenta, ni la religión les interesa. La verdad, la libertad, la bondad, el futuro, el entendimiento, la memoria, etc, son conceptos que se enriquecen considerablemente en la expresión de lo poético mediante ambientes y atmósferas que logra la poesía con las subjetividades más tempestuosas, y a veces confusas, pero si es auténtica, desde su raíz telúrica y asiento natural en una realidad donde el hombre sencillo en su cotidianidad es el protagonista. El verso, por muy halado y sonante que parezca, para referirnos concretamente a la poesía de los poemas, su vuelo no solo reproduce un estado individual de un espíritu, sino que irradia una luz de la que todos hemos participado en su génesis y apocalipsis, y de alguna manera descifra aspiraciones colectivas y espeta frustraciones generacionales en su devenir.

 

¿Por qué "La palma en el huracán"?

 

Tiene un carácter simbólico y ofrece disímiles lecturas. En Cuba la palma real está en el escudo nacional porque nuestro primer poeta romántico, José María Heredia, la evocó en medio de la contemplación de su oda a las cataratas del Niágara cuando estaba desterrado en los Estados Unidos; es una reiterada presencia en el paisaje cubano, crece silvestre y resiste aún cuando es atacada por un rayo. También en esta isla tropical son frecuentes cada año los huracanes, aunque no tanto como los temblores de tierra en Chile. Los huracanes a veces son arrasadores; y otras veces pueden dejar algunos beneficios por las lluvias que le acompañan. Quiere ello decir que podemos sacar provecho hasta de las agresiones, porque hasta cuando dejan saldos negativos, el pueblo los ha tenido en cuenta para organizarse mejor y tomar las medidas de previsión a fin de que no cause un daño devastador al año siguiente. En 1926 azotó a Cuba un ciclón muy recordado por los efectos desastrosos que dejó; en aquella ocasión circuló una foto increíble de una palma a travesada por un madero, para quien conozca la dureza del tronco de una palma, esta fotografía puede resultar más inverosímil todavía. Esta imagen sirvió de inspiración a una composición musical del genial trovador Sindo Garay; la canción se llamó "El huracán y la palma", y un fragmento dice: "Pero hay una palma,/ que Dios solamente/ le dijo al cubano:/ cultiva su honor".

Creo que tanto la Historia como la Cultura de Cuba pueden ser representadas por la fuerza de una palma erguida, sus raíces profundas en la tierra, sus pencas y penachos flotando libremente al viento, a la brisa, al tornado que se genera en el país o al huracán venido del exterior. La palma está lista para probar en cada evento su resistencia.

 

Háblanos brevemente de las "utopías sucesivas". Te lo pregunto en relación a tu frase:

"hemos acumulado todas las utopías sucesivas de este siglo y del anterior en la

permanencia del proyecto revolucionario". ¿Cuáles son?

 

En primer lugar, te confieso que todavía no estoy muy conciliado en llamarle a las aspiraciones legítimas y realizables, "utopías", aunque sé que utilizo mucho esta expresión. "Utopía" es no hay tal lugar, sin estar en el mapa o fuera de la geografía.

Como sabemos, su significado original proviene de una república óptima ubicada en una isla imaginaria –a propósito, según las descripciones, semejante a la geografía cubana– que el filósofo inglés Sir Tomás Moro concibió en el siglo XVI, por cierto, sin propiedad privada –quisiera recordar que Moro fue decapitado y acusado de alta traición. No tendría sentido para los revolucionarios de esta época proyectar una sociedad que nunca pudiera realizarse. Este concepto se ha extendido para referirse a los ideales, pero insisto que son realizables y de hecho en Cuba lo han sido. Cuando hablo de "utopías sucesivas", me refiero a los ideales que los patriotas han tenido a lo largo de su historia, desde que nació el criollo hasta lo que se espera del siglo XXI. La independencia económica y política de España, así como la abolición de la esclavitud y el logro de las libertades ciudadanas, anhelos de la colonia esclavista del siglo XIX, fueron sustituidos y mediatizados por otra dependencia económica, comercial, financiera, política y militar más refinada y profunda, la de los Estados Unidos, y por un racismo y discriminación que se extendía como complejo de inferioridad, expresión de la neocolonia yanki. La "gran utopía cubana", la república concebida por Martí, que ha sido la más democrática que ha podido soñar la especie humana, se frustró. Entonces, para acercarse a este sueño había que hacer la revolución, frustrada también en la década del 30 de este siglo por la intervención de los poderes imperiales del mismo vecino de los altos. República independiente con libertad y Revolución social antiimperialista fueron acumulaciones que para hacerlas posibles no quedaba otra opción que el Socialismo. Todos estos sueños cumplibles se hicieron realidad en el proyecto revolucionario que se inició el primero de enero de 1959 y que hoy conserva fortalecida sus bases como un resumen de los contenidos de luchas centenarias y no como producto de esferas de influencias geopolíticas, copias miméticas y otros deshechos de la posguerra. Como ves, la palma tiene raíces profundas, no se quiebra porque es flexible ante los vientos y permanece fuerte y erguida.

 

¿En qué cambió la Revolución a la poesía cubana?

 

La Revolución lo cambió todo, lo que uno puede imaginarse y lo que no: la economía, la agricultura, la industria, el comercio, las finanzas, la sociedad, las leyes, la familia, la religiosidad, la educación, la cultura, el deporte, el ocio, la forma de comportarse y actuar, la manera de relacionarse, las modas y los modos, las costumbres sociales, los hábitos personales y colectivos, las comida y sus tradiciones, los velorios y los funerales, los casamientos y los apareamientos, los sueños, las expectativas, las motivaciones..... es decir, literalmente todo, hasta los cambios para producir los cambios. Se reemplazó el contenido y la forma de vivir y de pensar. De esta manera, la poesía se transformó. Rápida, y violentamente a veces, el sujeto era otro, por lo que el objeto tenía que ser diferente, y viceversa. Los lectores fueron muchos más y mejores, a punto de que fueron otros; los poetas se redimensionaron y estaban urgidos y emplazados a ser otros; los libros por primera vez fueron necesidades accesibles y crecientes. A partir de entonces, la Poesía ha viajado y vibrado junto a las mismas etapas del quehacer revolucionario, lo que no quiere decir que ha sido siempre halagadora, porque hay que entender que la Revolución somos todos, incluyendo poetas, dirigentes, lectores –en ocasiones las tres cosas sin exclusiones y al mismo tiempo. No pocas veces algunas medidas de funcionarios estatales han entrado en contradicción con las aspiraciones de los escritores, y tales situaciones a veces han sido traumáticas. Te aseguro que desde hace más de dos décadas los traumas no se cargan sólo para los creadores– por cierto, un buen funcionario debe "funcionar" creadoramente. Los cambios ahora siguen y tampoco vivimos en el paraíso. Siempre la Revolución ha sido el purgatorio perfectible.

 

Una de las características de la poesía, en todo el mundo, ha sido siempre su carácter

cuestionador de la sociedad. ¿Cómo se desarrolla esto en una sociedad socialista?

 

Si dices "en una sociedad socialista", te estás remitiendo a una abstracción que desde hace mucho tiempo estoy plenamente convencido de que no tiene ningún significado preciso. ¿De cuál "sociedad socialista" me hablas?: ¿de la URSS de Stalin o de la Rusia de Gorbachov, de la de los Khmer rojos de Kampuchea o de la actual, de la China de Mao Tse Tung o de la de Den Xiao Ping, de la práctica "socialista", "democrática" y "popular" en los desaparecidos sistemas de los países eurocomunistas; de los nombrados "Partidos Socialistas" que dirigen una parte de las sociedades árabes y negras en el Medio Oriente o en África, que por demás, todos y cada uno de ellos son y han sido diferente? Asumo que me estás hablando de Cuba en este momento, porque ni siquiera esta pregunta puede ser contestada de igual manera en el patriótico momento épico de declararse Socialista la Revolución como preludio al ataque a Playa Girón en abril de 1961, primera derrota militar del imperialismo yanki en América; que diez años después en el patético y tristemente célebre I Congreso de Educación y Cultura que intentó un acercamiento al llamado "realismo socialista"; que en la democrática y esplendente década de los ochenta. Por otra parte, si de "carácter cuestionador" se trata, puedo asegurarte que no son pocos los criterios, opiniones, medidas, leyes, resoluciones, decretos, decisiones, etc que en mi país no se cuestionan desde su enunciado o formulación hasta su posible aplicación o sanción. En público o privado, conducido y enfrentado a los más inimaginables vericuetos, controlado o desbocado, casi todo se cuestiona cada día y en cada momento. Y no soy absoluto, porque como ya te expresé, hay principios, esencias y fundamentos, que son incuestionables –y a veces sacrificios de silencio en aras de no romper la unidad o la estrategia que pudiera afectar lo principal, lo esencial y lo fundamental. Quisiera aclararte que este es el proceder de la gran mayoría de la población cubana de hoy, que es revolucionaria y con una alta cultura política. Si me preguntas cómo lo sé, te puedo responder de que las periódicas elecciones que se hacen en Cuba cada dos años y medio, representan de laguna manera una especia de plebiscito que demuestra el apoyo que tiene la Revolución, y poniéndolas todas malas para que sea negativo, se arroja un resultado favorable al proceso de más del 90%, siempre. Haciendo estas aclaraciones, la poesía y los poetas revolucionarios cubanos, cuestionadores de casi todo, no son ni más ni menos. Ellos forman parte de ese pueblo que se siente dueño de una original Revolución, siempre con capacidad para rejuvenecerse y con la libertad y responsabilidad de polemizar, debatir, discutir, controvertir, argumentar, razonar, examinar, estudiar, etc. Temas, asuntos, materias, proyectos, programas, sumarios, ideas, cuestiones, métodos, tratamientos, promociones, acciones, etc., que están relacionados con la creación y la sociedad, y a veces, con lo humano y divino. Pero sinceramente te digo que aquellos poetas que usan la poesía o cualquier cosa para hacer contrarrevolución, no creo que tengan la más mínima posibilidad de hacerlo en Cuba. En el caso de estos poetas con estas intenciones, lo que hacen generalmente es que publican fuera del país, posiblemente con todo el apoyo publicitario –ya tu sabes dónde. Si estamos hablando de verdaderos poetas, no son muchos estos últimos, comparados con los centenares que hoy escriben en la isla con su principal censura: la falta de recursos para publicar más.

 

¿En qué están los jóvenes poetas cubanos en este momento?

 

Recientemente escribí un artículo llamado "Diez observaciones a la emergente poesía cubana de finales del siglo XX", en que están glosadas algunos de estos derroteros. Te podría decir que la llamada "poesía social" tiene un punto de vista aquí más individual, personal y singular que hace diez o quince años; no porque los poetas que la proclaman sean voceros del individualismo, sino porque ellos han rechazado un discurso poético de un colectivismo demagógico que se mantuvo latente o vigente en la década de los 70 y en los primeros años de los 80, y que, en definitiva, propuso la anulación de la individualidad, la personalidad y la singularidad en muchos casos. El actual discurso poético es antirretórico –aunque sin que ahora lo podamos ver, se está construyendo su propia retórica–, mantiene un diálogo con la Historia que se establece desde diversas naturalezas axiológicas y en él predomina lo ético por encima de lo épico. En ocasiones los más jóvenes hacen propuestas experimentales que casi siempre, por no contar con los espacios idóneos, no son muy bien comprendidas; estoy pensando en una especie de "performance", en que se vincula el texto a la manera de expresarlo y comunicarlo. Ahora, en sentido general, se está poniendo más atención por parte del receptor –y obligadamente por parte del emisor y viceversa, nadie sabe–, al contenido del poema que a la forma, sin desconocer que hay solitarios ejemplos cercanos a un nuevo esteticismo. Las fuentes y las referencias que se insertan en los textos son diversas, ricas y a veces insólitas, y se incorporan a la manera "posmoderna", es decir, intercambiándose con el discurso del "yo" poético; frecuentemente estas intervenciones se diluyen en las esencias planteadas en un eclecticismo enriquecedor. Los temas son múltiples y de alguna forma dan continuidad a los tradicionales de la poesía cubana y mundial de todos los tiempos. La poesía escrita por mujeres no representa un feminismo fundamentalista, como he percibido en algunos otros lugares. Continúan las formas cerradas como el soneto y la décima, conviviendo con todas las libres, incluyendo la prosa poética. Hay un equilibrio entre lo nacional y lo emocional, aunque hay ejemplos en los dos extremos; en el primero, relacionado con el mundo de la filosofía; en el segundo, con un erotismo impúdico. Se escribe poesía gay y transexual. Los escenarios donde se sitúa la lírica pueden ser pasados y remotos, fantasiosos y míticos, o presentes y actuales. Creo que ha crecido mucho el tema de la identidad, el rescate poético de zonas perdidas u olvidadas que funcionan como argumentos que reflejan una identidad personal, familiar, grupal, regional, etc., y algunas visiones de cubanidad o cubanía pueden resultar ahora inusitadas para esquemas y estereotipos. Se pueden leer poemas asociados con el poderoso ritmo de nuestra música o en cercanía con ella. También he leído muy recientemente una vinculación real de la voz poética a la fe cristiana y un punto de vista donde se demuestra una conciencia ecológica muy fuerte a partir de la exhuberante naturaleza de la isla. Como te podrás dar cuenta, es difícil "clasificar", que en cierta forma significa "esquematizar" los caminos finiseculares de la poesía cubana. Tal intento será siempre incompleto y poco útil. Solo te puedo decir que la insatisfacción es el lugar de encuentro de la poesía, y no podría ser de otra manera en jóvenes poetas revolucionarios que nacieron con una serie de conquistas logradas y luchan por otras que seguramente los hará mejores. Intenté hacer una antología de jóvenes poetas cubanos de la década del 90 con Chile, que ahora está un poco detenida; tiene por título un verso del poeta Carlos Augusto Alfonso que dice: Estoy ronco de gritar yo quiero. Creo que ese título resume en una sintética respuesta tu pregunta.

 

¿A qué te refieres con la afirmación "el llamado eufemísticamente Periodo Especial para Tiempos de Paz?

 

Imagínate que el país más poderoso de la tierra haga frontera –una frontera marítima de 90 millas en una vecindad de minutos con los actuales aviones– con Chile, y que este primer país sea el enemigo histórico del segundo desde principios del XIX. Imagínate que tu país dependa del comercio exterior para poder no sólo desarrollarse, sino desenvolverse y vivir –por ejemplo, que el combustible con que se mueve el país, haya que traerlo de 9 750 kms de distancia. Imagínate que de la noche a la mañana desaparezca el 80% del comercio exterior y que el enemigo de tu país –que te recuerdo que es el más poderoso del mundo- emplee todos sus medios posibles en una guerra económica, comercial, financiera, política, diplomática, cultural, propagandística, etc., para destruirte o más bien aniquilarte–. Fíjate que te estoy hablando de una guerra moderna con sus respectivos muertos, que casi siempre serán los enfermos en los hospitales que fallecen por la falta de un medicamento. ¿Qué pasaría en Chile? Estoy convencido de que el pueblo chileno resistiría como lo hacemos nosotros, porque tanto uno como el otro tienen muy bien asimilada la cultura de la resistencia, pero también estoy seguro de que sería a un costo altísimo. Te he simplificado, pero la situación es peor, no creas que he exagerado. Podrás comprender que a la crisis más aguda que recuerda la Historia de Cuba, y una de las peores que ha podido enfrentar cualquier pueblo, se le llamó Período Especial para Tiempos de Paz, como previendo que podría haber otro más violento todavía: para tiempos de guerra. Personalmente yo pienso que fue un modo de expresar con suavidad lo que el pueblo heroicamente tenía que encarar, lo de "especial" había que asimilarlo con mucho decoro, porque lo que se estaba defendiendo no era solamente las conquistas del Socialismo, sino la continuidad de la Revolución, es decir, la existencia de la patria y de una nación misma. Se supone que algo "especial" induce a pensar que puede ser óptimo, pero en realidad la idea era preparar a la gente para lo extraordinario. Martí había dicho que "los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad". Especial fue el período que comenzó con la década que ahora concluye y agradezco esos eufemismos en tiempo difíciles porque para no ser demagogos –y nunca nuestra alta dirigencia revolucionaria lo ha sido– había que decir a tiempo la verdad con los mejores recursos políticos, y sin perder la esperanza. Cuando se anunciaba el "período especial" se hacían libros fuera de Cuba pregonando "el fin de la historia" y la "última hora de Castro". Podemos decir que nuestra recuperación está señalando la "normalidad". Me siento orgulloso de pertenecer a un pueblo de titanes que con inteligencia, valor y lucha persistente está superando lo extraordinario.

 

¿Cómo ves la participación política de las nuevas generaciones en Cuba?

 

¿Tú crees que podríamos hablar así si los jóvenes no hubieran participado? Yo creo que después de esta última década del siglo estamos asistiendo, no a la participación, sino al protagonismo. En el Período Especial encontramos la fuente eterna de la juventud. En el siglo XVI Juan Ponce de León descubrió las tierras de lo que hoy son la Florida en Estados Unidos, y de allí trajo noticias a Cuba de que en esa nueva tierra, había un río cuyas aguas tenían la maravillosa virtud de rejuvenecer a las personas que se bañaban en las mismas; gobernadores de Cuba como Hernando de Soto y conquistadores como Pánfilo Narváez intentaron encontrar ese río sin fortuna. Estaba equivocados, con la experiencia que han adquirido nuestros jóvenes en esta lucha y con el baño de vitalidad que hemos tenido en esta difícil prueba los que ya pasamos de "media rueda", ese río está aquí en la isla. Las generaciones más nuevas liderean acertadamente los procesos fundamentales de la economía, la sociedad y la política. El colofón de esta primera batalla fue por el secuestro y la retención del niño Elián González en los Estados Unidos, ganada por el pueblo más unido que nunca, convocado y conducido por jóvenes y hasta por niños. Han aparecido decenas, centenares, de dirigentes luminosos. Ha sido una sorpresa hasta para los que conocíamos de esta potencialidad. Es asombroso este liderazgo de los jóvenes que está listo para entrar en otras batallas de esta larga guerra: derrota al llamado perversamente "embargo" –aquí no hay eufemismo, sino perfidia– para mí es un ensayo de las guerras que vendrán en el siglo XXI; fracasar la ley norteamericana de "ajuste cubano", negocio asesino contra personas inocentes; abortar el engendro de la laberíntica ley Helms-Burton, cínica por naturaleza e imperial por sus métodos para aplicarla; y torcer el sentido contrario en los "carriles" a la hipócrita ley Torricelli que pretende dividir a nuestro pueblo. A propósito, Cintio Vitier, uno de los ensayista cubanos vivos más lúcidos del siglo, ha escrito un poema que se leyó en las manifestaciones organizadas por los jóvenes en apoyo a la liberación de Elián; refiriéndose a esta preparación de unidad y fuerza que ha tenido el pueblo de Cuba, el último verso resume esta gloriosa jornada: "no saben lo que han hecho".

 

¿Tu relación con la poesía chilena se ha dado a través de la lectura de qué poetas?

 

En realidad conozco muy poco de la poesía chilena, si tenemos en cuenta de que Chile es uno de los países de Hispanoamérica que cuenta con una mayoría de poetas de altísima calidad –quizás junto a Argentina, México, Uruguay, Colombia, Nicaragua y Cuba. Por supuesto que he leído mucho a los fundadores, pero no basta: la sideral poesía de vanguardia de Huidobro; la grandiosa obra de Neruda, uno de los pocos poetas en el mundo que se ha superado a sí mismo más de una vez; y la desmitificadora antipoesía de Parra. También es evidente que he leído casi todo lo de la Mistral, una de las grandes poetisas de América, vinculada a Cuba por su admiración a Martí y por su amistad con algunas de nuestras mejores mujeres poetas; mas no es suficiente. Reconozco la maestría enunciativa en el fuerte verso de Enrique Lihn y me gusta mucho ese discurso poético tenso hasta los estados límites de la angustia en la obra poética de Gonzalo Rojas. He leído a poetas cercanos a un tipo de surrealismo latinoamericano como Braulio Arenas y Enrique Gómez Corea. No sé si serán importantes, pero me ha llamado la atención la poesía de Hernán Lavín y de Manuel Silva Acevedo. También ha sido de cierto interés para mí la de Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva. Personalmente me identifico con los decires sarcásticos hasta el delirio de Oscar Hahn y muy especialmente con la poesía de Pablo de Rokha, un poeta olvidado a propósito, pues su palabra con filo era una arrasadora denuncia a la hipocresía de la clase burguesa, es decir, la clase política de Chile. La prestigiosa institución donde trabajo ha publicado algunos libros de los fundadores, entre los que está rescatado en su carácter fundacional Pablo de Rokha. Además, la Casa de las Américas me ha dado la oportunidad de conocer las décimas de Violeta Parra, la obra de Fernando Lamberg –una acertada crítica a la oligarquía– y la de Hernán Miranda –una sensible y dramática visión desde el exilio después del golpe. De los Premios Casa distingo el original e intenso poemario Vírgenes del sol, inn cabaret: segunda elaboración, de 1986, y muy singularmente, esa parodia lírica entre la Historia y la Cultura que poetiza Tomás Harris en Crónicas Maravillosas, de 1996. Porque han venido recientemente como jurados al Premio Casa, y por tanto, ha traído sus libros y han ofrecido recitales, conozco la poesía de humor e ingenio de Teresa Calderón y la histriónica declamación mística de amplios registros persuasivos de Raúl Zurita; ojalá que estos dos últimos poetas puedan ser publicados en Cuba cuanto antes. Recibo puntualmente la revista literaria femenina de María León Bascur, Safo, donde encuentro a menudo algunos poemas de interés. Conozco algunas revistas chilenas, como la Revista Aérea, donde se publican muchos buenos poetas; es imposible recordarlos a todos. Estoy seguro de que mi nómina es muy incompleta, dispersa y quizás con cierta manipulación inconsciente por la promoción que reciben algunos poetas, y de igual forma, por los escasos encuentros y oportunidades que marcan las circunstancias y la comunicación, pero ya dije que conozco muy poco de la extensa y valiosa poesía chilena.

 

ALEJANDRO LAVQUÉN

 







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